Lo siento, muy a mi pesar, como caballa, no puedo decir ni alto ni claro, te quiero.
Dos patrulleras y dos señores perdidos en un argumento de Netflix. El jefe también recurrió a la plataforma, con ese aplomo dialéctico que le caracteriza, haciendo un símil imperfecto en un programa de televisión contestando a un ciudadano caballa que le preguntó “¿cuándo sabremos la verdad?”.
¿Sabremos la verdad alguna vez?
En medio de la exageración bien entendida y la auténtica realidad hay una fina y débil línea de comportamiento que debemos pensar muy en frío. Nuestra forma de actuar nos puede cerrar más puertas que abrirlas. Somos un pueblo preocupado por el futuro y atado a un presente roto en medio de personas ilegales, enfermedades contagiosas, asentamientos incívicos y carpas con toque de queda que siguen siendo insuficientes.
Que ironía, nos echamos a la calle gritando un rotundo no a estas carpas. Ahí están. Son visibles. Pedíamos ayuda sanitaria, pedíamos hasta un hospital de campaña, pedimos y por pedir hasta un refuerzo tangible en la frontera. Nada de esto tenemos, el flotador no es tangible, se desinfla.
Cuando hay voluntad se consiguen los objetivos, un decreto en dos días. Cuando no la hay, en lugar de decretos, tenemos más de setenta días de abandono. De preguntas sin respuestas. Frente a esta connivencia absoluta hacia la invasión puedo llegar a entender que Bruselas eche barcos fuera y en un lenguaje más jurídico venga a decir “ahora se las apaña usted con el tema de las aguas” .
Lo siento, muy a mi pesar, como caballa, no puedo decir ni alto ni claro, te quiero.
En este envenenamiento ciudadano, en ese resort con piscina en el kilómetro cero, en este amalgama de nuevas alianzas políticas, dimisiones y alternativas emocionales ¿dónde encaja Ceuta? En este caos de disputas, de divisiones, de persecuciones, de ausencia de la autoridad, ¿dónde sitúo Ceuta? Esta tierra que sigue sin aparecer nombrada en los mapas del tiempo, haga sol o levante.
Yo entiendo que estamos en plena campaña, una campaña dura donde todo es confrontación y también, afortunadamente, fiesta democrática.
Pero jefe, no entiendo sus bailes, ni los de esa comparsa que va y viene en helicóptero para intentar defender, atrincherados en un atril, su propia numerología. No entiendo ni comparto tanta festividad cuando el país se encuentra invadido territorialmente. Sus discursos, que ya se ha convertido en un subgénero literario, hacen tanto daño como los aspavientos de sus fieles seguidores y las risas de los mandatarios.
Jefe, a los caballas les preocupa tanto ritmo sobre los hombros, les duele, porque nos han mentido. Nos siguen mintiendo y lo peor, la única opción que nos ha dejado es estar entretenidos reivindicando nuestra españolidad a todas horas del día, se hace bola.
Ha sido un acierto el nuevo delegado del Gobierno. No tengo la menor duda. Es curioso, el anterior era una mera figura decorativa, una imagen corpórea detrás de los ministros. El nuevo hasta sale de la Delegación para recoger sobres lacrados. Todo está perfectamente engarzado para el escaparate electoral en el que Ceuta apenas se ve representada si no es por labor de esta resistencia caballa y por el Horizonte que nos delimita todas las noches Iker Jiménez.
Jefe, usted baile, exprese su amor y haga feliz a Montero y compañía, no esté triste por Montse, no se preocupe si la llaman hipócrita. Tampoco por la justicia, que sabrán ellos. Hay que continuar el relato.
Cuando se crea una mentira hay que llevarla hasta las últimas consecuencias, sobre todo si hay quien la sigue por creencia o por conveniencia. Soy de los que piensan que las mentiras tienen fecha de caducidad. Espero que toda la que envuelve a mi tierra caduque más pronto que tarde.
El adelanto de las elecciones no nos ha beneficiado. Los caballas somos conscientes, aunque albergamos la esperanza del cambio también somos conscientes de que tenemos dos cosas más en contra, el tiempo y la fortuna que le acompaña. Los rumores políticos por aquí no son muy halagüeños y como empresario, autónomo o emprendedor, como quiera llamarlo porque su vocabulario es extenso y siempre tiene la palabra perfecta para cerrar un párrafo, da mucho vértigo. Ceuta no es una mancha en el mapa, pero cuánto tiempo más podremos aguantar limpiándola.
Le llamo jefe porque lo es. Es el patrón, el líder, el que reflexiona por amor, el que necesita desconectar, el que todo lo tiene bajo control. El que baila desatando el fervor de las masas cual Maluma junto a Shakira.
La falta de especialistas en el Hospital Universitario de Ceuta ya está siendo un problema…
La Real Federación de Fútbol de Ceuta (RFFCE) ha impulsado un proyecto para mejorar las…
La Biblioteca Pública Adolfo Suárez en Ceuta ha sido esta tarde el escenario de la…
Victoria gigante a domicilio la que consiguió el BM Estudiantes de Ceuta para llevarse el…
El Gobierno aprobará previsiblemente este martes un paquete de medidas para mejorar las prestaciones sociales,…
La llegada de las lluvias a Ceuta, con la ciudad en alerta amarilla por precipitaciones…