La visita girada por el delegado del Gobierno a la frontera del Tarajal tiene mucho de simbolismo, habiendo sido el primer espacio elegido en esa ronda de encuentros oficiales. De que ese paso funcione como debe depende bastante la tranquilidad de una Ceuta que ha padecido directamente muchas tragedias asociadas a la falta de intervención adecuada en esa línea. Pronto olvidamos lo que ya no vemos, pero no hace mucho las jornadas se tornaban infernales desde primera hora de la mañana hasta la noche, con avalanchas, condiciones inhumanas, heridos, muertes... El Tarajal esconde demasiado de lo que avergonzarse para caer de nuevo en los mismos errores.
Cuidar la frontera y tenerla en condiciones debe ser prioridad para la Delegación del Gobierno, administración que durante años o bien trató este punto con abandono y desinterés o bien adoptó decisiones que nos han traído muy malas consecuencias.
Se han hecho inversiones sin tener en cuenta la calidad de las personas, sin respetarlas. Solo así pueden entenderse algunas de las obras que concebían jaulas para retener a humanos, que obviaban cualquier mínimo respeto. Eso ha existido dejando pasar y pasar los años sin acometer una acción en condiciones y permitiendo que ese paso se orientara solo a las ganancias de dinero movido por unos pocos sectores a costa de mujeres y hombres convertidos en mulas.
De como se conciba el Tarajal dependerá muy mucho la tranquilidad de Ceuta que no puede permitirse la repetición de hechos pasados, mucho menos de las tragedias a las que muchos de nosotros tuvimos que asistir en primera persona.
Que el delegado del Gobierno elija la frontera como escenario de una de sus primeras visitas oficiales dice mucho del interés que una administración da a este punto, a la necesidad de que las relaciones entre países sean las adecuadas y que las inversiones se ejecuten como se deben, facilitando un control respetuoso sin volver a vicios de antaño y dejando de lado los complejos que muchos insisten en explotar para enturbiar la relación a uno y otro lado, teñida en muchas ocasiones por relaciones de amistad y familiares.
La frontera del Tarajal no puede volver a ser la línea de la vergüenza, jamás. Hoy nada tiene que ver con un pasado pero todavía no ha llegado al nivel del futuro inmediato que debe primar para que funcione con todas las garantías alcanzando así eso que etiquetan como dignidad.
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