Said tiene miedo. Lleva muchos años viviendo en una zona tranquila en la que nunca temió que le sucediera nada. Se lleva bien con los vecinos y muy cerca viven su madre y otros familiares. Ahora teme dejar sola la vivienda que se ha salvado de las llamas por muy poco. Cuando iban a prender fuego al interior de la casa tras haberla rociado con gasolina desde una de las ventanas, se fueron corriendo. Posiblemente, tal y como baraja la Policía, las llamas del coche que se encontraba aparcado al lado de la casa les asustaron y se les echó el tiempo encima y el peligro de quemarse.
En el llano que existe a la espalda de la guardería San Ildefonso del Príncipe, Said Laarbi se esfuerza en retirar los escombros de los chamizos que también las llamas redujeron a cenizas tras el espectacular incendio ocurrido en la noche del lunes del que se informó en la edición de ayer. “Lo que está claro es que iban a matarnos y esto no puede quedar así”. Aún piensa en lo que hubiera sucedido si finalmente hubieran echado una cerilla al interior de la casa en la que vive junto a su mujer y su hija de dos años. “Gracias a Dios estábamos en Marruecos, en Ksar-Sghir”, explica mientras recuerda cómo pasadas las 22:00 horas de la noche del lunes le llamaron al móvil para decirle que su casa estaba rodeada de llamas.
“Cogí la moto y vine en cuanto pude. Cuando llegué, la Policía me explicó lo que había sucedido y me preguntó si sospechaba de alguien pero yo no tengo nada con nadie y lo que ha sucedido es tremendo”.
Said sigue atónito mientras limpia. “Llevamos aquí viviendo siete años, nunca había sucedido algo parecido y si me pongo a pensar podría decir que al lado frenaron la construcción de una casa ilegal y quizá piensen que yo he sido el chivato pero realmente nunca tuve nada con ellos así que no sé por qué han hecho esto”. Acudirá a poner una denuncia porque no quiere que se quede así. “Quiero que investiguen, que haga justicia. Ahora tengo miedo porque podrían habernos matado y eso es algo muy grave”. Asegura que ni siquiera habla con personas de la barriada que están metidos en problemas y que lo que ha sucedido responde a intenciones que desconoce pero que pide que se investigue para saber qué ha sucedido. El coche no sirve ni para chatarra y tendrá que empezar de cero a construir una especie de trasteros en los que guardaba herramientas y juguetes de la niña.
Fue una de sus primas, que vive en frente, quien al ver las llamas dio la voz de alarma. Cuando llegaron los Bomberos, decenas de vecinos se arremolinaban en torno a la propiedad que está cerrada por una puerta metálica que debieron saltar los que prendieron fuego. Los agentes creen que fueron dos, tal y como explicaron a Said: uno rociaba el lugar con gasolina y otro prendía fuego. Pero no hay testigos y son suposiciones sobre las que informaron a Said tras examinar la zona que un día después sigue oliendo a gasolina.
Mientras su mujer se afana en limpiar el interior de la vivienda y quitar los restos de gasolina, él limpia el exterior y pide que alguien le ayude a retirar los escombros que han quedado y el coche. Cobran una ayuda de los Servicios Sociales de 400 euros para vivir y lo que ha sucedido, más que por los daños materiales, les ha provocado tener miedo a estar en su propia vivienda.
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