Podría estar hablando de ella horas y horas, anécdotas que todavía le fascinan de esta artista desconocida para los más jóvenes: “desde niño mi abuela cantaba canciones de Raquel y yo incluso creía que era extranjera”. Hasta que poco a poco se decidió a investigar y descubrir la vida de la artista española más internacional de comienzos del siglo veinte.
Muchos son los calificativos que Hugo utiliza para referirse a Raquel Meller, pero las comparaciones son, a veces, un excelente sustitutivo: “es una Greta Garbo pero española, mucho más carnal e intensa. Hizo muchas películas en Francia, una sola sonora, y son como superproducciones. En el año 1926 fue a Hollywood a hacer una gira americana, y lo hizo viajando en un tren particular con su propio cocinero. En Nueva York la sacaba la policía del teatro al que acudían 4.000 personas, cantaba 25 canciones, y los domingos actuaba para los artistas de Broadway. Las entradas para sus actuaciones costaban 24 dólares de la época”, y esto son solo pinceladas de la figura de la que hablamos.
‘Por los ojos de Raquel Meller’ es un musical sobre la vida de la artista “aunque deformada por mi percepción”, reconoce su director. Además es una obra viva porque “aunque está en escena desde 2006, la cambio constantemente”. Un musical en el que se canta en directo y sin micrófono, “con mucha poesía visual y en el texto. Durante la obra puedes oir respirar a Raquel Meller. Los trajes y al ambientación te permite viajar a la época, y el público es otro protagonista, sus aplausos son los que ella recibía en cada actuación”.
Un viaje que permite al espectador, e incluso a Hugo Pérez, descubrir a la artista y al musical español: “nosotros fuimos quienes lo inventamos, y no los americanos. Aquí hemos tenido la Zarzuela, la tonadilla, musicales con historia, riqueza y tradición”. Además, el director hace un llamamiento para recuperar la tradición musical española: “la revista, la comedia musical española, la zarzuela, todo para mí es lo mismo y lo tiene que interpretar artistas que sepan cantar, bailar y tocar las castañuelas, es verdad, las castañuelas son un instrumento, se puede hablar a través de ellas”.
Quien también ha dado mucho que hablar es la propia Raquel Meller porque la obra tiene una duración de casi dos horas y media. Un viaje por todas las fases de la vida de Francisca Marqués López, nacida en un pueblo de Zaragoza, y que fue descubierta “por una cupletista de segunda que la oyó cantar en el taller donde bordaban casullas para curas y trajes para cupletistas, las cosas que solo ocurren en España”. Su debut fue en 1907, seguidamente estuvo varios años en una academia de baile y canto, “e incluso hizo una inmersión en el género sicalíptico, es decir, pequeñas obras de teatro con textos ciertamente eróticos. Tardó varios años en alcanzar el éxito, en convertirse en Raquel Meller, gracias a estas varietés tan sui géneris que se fueron dignificando a partir de 1910”.
Y a su éxito en la música, cosechado en España, Francia, Chile, Argentina o Estados Unidos, le siguió el cine. Por ejemplo, en España “protagonizó diez películas. Una de ellas duraba cuatro horas porque eran como seriales y se llamaba ‘los arlequines de seda y oro’ refiriéndose a los toreros”.
Era una mujer “intrépida, bárbara y generosa a la vez”. Según Hugo Muñoz la última palabra que dijo fue a la monja que le cuidaba en la Cruz Roja: “¿qué estás haciendo Raquel?, y ella contestó, respirar, ¿puedo?”.
Una identidad que ha impregnado a la obra, considerada el mejor musical español del año 2012 según el diario El País, y galardonada con el Premio Ojo Crítico de Teatro de 2012. Reconocimientos que Hugo Pérez reconoce que también son “un empujón para luchar contra la crisis”.
La verdadera estrella del musical español
Raquel Meller es para Hugo Pérez una de las principales estrellas del musical español, es decir, la zarzuela y las tonadillas. Sin embargo, tras su muerte “hay una mano negra sobre su figura. Si hubiera sido francesa, sería un mito”, concluye el autor de la obra quien, por cierto, detesta la actual moda de macro-musicales: “por muy bien hecho que esté considero que eso no es arte, es una franquicia. Las cosas del arte son únicas, cada día son especiales, y cuando tu ofreces algo que cada jornada es fotocopia de la anterior, eso no es arte. Te puede emocionar, pero es una emoción de plástico, como en la tele que todo es mentira”.






