Retrato póstumo de D. Joao (Museo Nacional de Arte Antigua. Lisboa).
Precisamente en el pasado mes de agosto se han cumplido 610 años de la conquista de Ceuta por los portugueses y procede por tanto recordar lo ocurrido en 1415 ya que marcó para siempre la historia de la ciudad norte africana.
Para saber como empezó dicha aventura de la conquista de Ceuta, es preciso citar el Monasterio portugués de Batalha, construido en conmemoración de la batalla de Aljubarrota, ganada por los portugueses a los castellanos que contiene en la llamada capela do fundador la tumba de D. Joao o Juan I y de su esposa Felipa de Lancaster. El rey portugués organizó y mandó personalmente la expedición en la que fue conquistada Ceuta en el citado 1415, acompañándole sus hijos D. Duarte, D. Enrique y D. Pedro.
Y allí reposa, cogido de la mano de la reina como estatuas yacentes, en una sala iluminada por ventanas flamígeras y en el centro de la que se encuentra el túmulo con dos bellos doseletes y bajo una cúpula estrellada.
Al amanecer del 21 de agosto de 1415, la flota portuguesa con 220 naves y 19.000 soldados comenzó el ataque a la ciudad de Ceuta, entonces bajo dominio de la dinastía Mariní de origen bereber. Tras varias maniobras de distracción, el desembarco se produjo en la zona de la actual playa de San Amaro y los defensores de la villa salieron incluso de las murallas para impedir la llegada de las tropas a tierra.
Don Enrique, después llamado El Navegante, uno de sus hijos que participó en la expedición contra Ceuta cuando tenía tan solo 21 años fue uno de los impulsores del proyecto, convenciendo a su padre D. Joâo a emprender la aventura africana que progresaría después a lo largo del continente. Participó, por tanto, en la tomada de Ceuta de 1415 y fue armado caballero en esta campaña.
Después, el citado Don Enrique cometió un error fatal. Pasados 22 años, capitaneó, cuando ya había muerto Don Joâo I, otra expedición para conquistar
Tánger y le acompañó su hermano el Infante Don Fernando. En esta ciudad del Estrecho fue vencido por el ejército del Rey de Fez que precisamente mandaba Salah ben Salah, el mismo gobernador al que derrotó antes en Ceuta. El desastre fue completo porque no podían acceder a las naves y para salvarse él y sus hombres prometió a cambio de la retirada la devolución de Ceuta, debiendo dejar a su joven hermano, el Infante Don Fernando, como rehén hasta que se cumpliera la condición impuesta. Don Enrique regresó vencido a Ceuta con su escuadra, continuó hasta Portugal y se sumió en una profunda tristeza, agravada al negarse las Cortes portuguesas reunidas en Leiría a devolver la plaza de Ceuta. Su hermano D. Fernando, conocido como el Infante Santo, murió en el cautiverio con 44 años y después de seis de prisión, por lo que esta tragedia le persiguió siempre.
Refugiado en sus trabajos de Sagres, Don Enrique de Avis y Lancaster, Infante de Portugal y primer duque de Viseu, llegó a ser Gran Maestre de la Orden de Cristo, la que sucedió en la práctica al Temple, falleciendo en su querida Sagres a los 66 años, para ser enterrado en el monasterio de Batalha, junto a su padre D. Joâo y los despojos que pudieron recuperarse del hermano cautivo.
En Santarem, a menos de una hora de Lisboa, pequeña villa dominando el río Tajo y que conserva el atractivo de su ciudad vieja, se suceden a lo largo de una calle, iglesias, murallas y otros monumentos. Así, en una plaza recoleta y en la Iglesia de Graça de estilo gótico, se encuentra la tumba del que fue el primer gobernador portugués de Ceuta D. Pedro de Meneses Portocarrero y de su esposa Doña Beatriz Coutinho, descansando ambos sobre ocho leones.
Cuando tenía 45 años participó en la expedición contra Ceuta como Alférez del Infante D. Duarte, hijo de D. Joao I que mandaba la expedición. Una vez tomada la ciudad, el Rey intentó sin éxito encontrar un gobernador para la recién conquistada villa, pero los peligros que existían una vez que se retirara la flota u otros condicionantes, hicieron que renunciaran sucesivamente al cargo, el Condestable Nuño Álvarez Pereira, el Almirante Gonzalo Vaz Coutiño y el Guarda Mayor Martín Alfonso de Melo. En ese momento, D. Pedro de Meneses se ofreció para el puesto, lo aceptaron tras algunas dudas y, de esa forma, vinculó para siempre su vida y la de su familia a los avatares de la recién conquistada Ceuta.
Cuando la flota del Rey D. Joao I se retiró a Portugal y los hombres se despedían desde las amuras de los buques o desde las murallas de la ciudad, el nuevo capitâo de Ceuta quedó al frente de unos 2.500 hombres, entre los que se encontraban muchos degredados o desterrados que obtenían el perdón a sus delitos sirviendo el Rey en destinos peligrosos.
Allí soportó asedios y combates hasta que falleció acompañado de su hijo D. Duarte de Meneses, el cual tuvo que regresar urgentemente a Ceuta, ya que le avisaron que su padre se encontraba muy enfermo. Llegó justo para verle morir en la ciudad africana el 22 de septiembre de 1437 y los restos del primer gobernador de Ceuta fueron trasladados a la mencionada Iglesia de Graça de Santarem.
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