Tras un biombo, la hija del policía local acusado de haber asesinado a su mujer en la vivienda compartida en Parques de Ceuta, ha narrado la situación de maltrato que se registraba en ese hogar.
No ha dudado en calificar a su padre de “maltratador” y “asesino”. “No es un enfermo mental, es un maltratador”, ha dejado claro.
La joven ha padecido una vida de presión constante, marcada por el miedo, en la que su padre siempre quería saber dónde estaba cada uno de los integrantes de la unidad familiar. Quería controlar llamadas, redes sociales, contactos…
Detalles que han ido enlazándose en esta vista judicial para dibujar el perfil del acusado como alguien dominante. Un policía local deportista, amante de la bicicleta. “Para nosotros era un desahogo que se fuera”, ha dicho la declarante.
Su madre, ha recordado la hija de la pareja, era víctima directa de esa actitud violenta en lo físico, pero también en lo psicológico, ejercida por el hombre. Una actitud sufrida también por los niños del matrimonio.
“No recuerdo una infancia adecuada", pero “no era consciente de que vivía con miedo, no era consciente de esa ansiedad de que podía pasar algo. Pensaba que aquello era normal”, ha recordado emocionada la joven, cuya declaración se ha roto en varias ocasiones por las lágrimas.
El tiempo le vino a confirmar que todo eso que vivía ni era normal, ni propio de un matrimonio que se respeta.
Ese clima asociado a una relación tóxica y marcada por el maltrato se evidenciaba en gritos, insultos, peleas…
Por ejemplo, el acusado instaba a su madre a no salir con mujeres que se estaban divorciando para evitar “que le metieran esas cosas en la cabeza”, ha rememorado su hija.
Ella nunca supo que su padre estuviera en tratamiento psiquiátrico.
La joven ha recordado que el día del crimen estaba en su habitación cuando escuchó discusiones desde la cocina, entre ellas la alusiva a la pérdida de una cita médica. “Siempre echaba las culpas a los demás”, ha contado.
Su cuarto estaba próximo a ese escenario en el que pasó todo. Oyó un grito ahogado, fue entonces cuando salió. Él estaba cerrando la puerta del pasillo, “lo vi cogiendo el arma y cargándola”, ha recordado. Ese grito que le instó a salir de la habitación era distinto, una señal de alarma.
Cuando ella entró en la cocina, su madre estaba agachada rebuscando en la basura. “Él estaba apuntando a mi madre, intenté apaciguarlo, le agarré el brazo con el que tenía el arma. Le dije que habláramos que pensara en mí y mi hermano”, ha recordado.
La víctima “estaba con los ojos abiertos y muy asustada, disparó a mi madre con cara de odio, me empujó. Volvió a intentar dispararla y ahí le bajé el brazo y lo empujé hasta el principio de la cocina, me puse entre mi madre y él”, ha declarado.
“Apuntó a mi madre y disparó”, ha repetido a preguntas, esta vez, de la defensa del agente.
“Estaba intentando quitarle el arma y que no disparara a mi madre, entonces disparó, no estaba segura hacia dónde había ido el disparo”, ha reseñado, forcejeando con el acusado “de cuclillas”.
Antes de producirse el crimen, la declarante ha indicado que su “madre no tenía capacidad de poder salir” porque la cocina “era muy estrecha. Cuando estaba agachada hizo amago de moverse”.
El primer disparo, el que causó la muerte de Mª Ángeles, lo pudo ver sin duda alguna ejecutado por el acusado.
Tras el segundo disparo, el agente le dijo a su hija que no le iba a disparar, que iba a guardar el arma. “Volví corriendo a la cocina, me resbalé, mi madre me dijo que llamara al 112, le dije te amo y me fui a llamar”.
Se han reproducido las llamadas al 112 y al 091. La primera hecha por la joven en la que, llorando, gritaba: “Mi padre ha disparado a mi madre, por favor”.
Mientras, a la Sala de la Policía llamaba el acusado: “Soy Alonso se me ha disparado el arma y le he dado a mi mujer, ha sido debajo, creo en el hombro derecho”, le dijo a un compañero.
“Tranquilízate y escúchame, hazle presión sobre la herida”, le respondía el interlocutor.
Tras hacer la comunicación, la joven fue a casa de sus tíos a pedir ayuda. Después regresaría a su vivienda. ¿No tuvo miedo si su padre era un maltratador?, se le ha preguntado por parte de la defensa. “Más miedo me daba que mi madre muriera”, ha respondido la joven.
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Pobre niña volver a vivir todo lo ocurrido en ese maldito día 😢 y dijo que se me disparó el arma cuando llamó al 091 es una confesión del crimen en toda regla. Esa hija fue valiente y puso todo de su parte para salvar a su madre, parace que todo lo tenía premeditado el asesino, coger el arma y disparar, esa frase la ha estado recopilando muchas veces en esa cabeza de burrito, don de superioridad