Nuestras murallas, sean Reales o no, representan no solo un bien en sí mismas que estamos obligados a cuidar y proteger, son, además, expresión certera del pueblo que cobija. Y lo dice todo de aquellos que están obligados a velar por ellas, más allá de los “grandes proyectos” que se acometen cuando entra el furor muretino debido a un posible desplome. Así que ese aspecto descuidado que parte de ellas tienen (paño del Chorrillo o Fuente Caballos, por ejemplo) dice poco bueno de ese mantenimiento continuo que debería observarse y no se hace. Como ejemplo los hierros y matojos que se dejan ver en muchos sitios.
Los hierros pueden verse en la muralla Norte (paseo de las Palmeras). Varillas metálicas que se han quedado a la espera de futuros decorados navideños. En el mes de enero había medio centenar de estas “picas”, usadas para colocar la decoración de luces durante años, hoy todavía se pueden contar al menos una veintena; así que no estaría de más quitarlas todas; a fin de cuentas es un paño de muralla, por lo que imagino que esos elementos estarán prohibidos. Además, estas varillas representan un peligro potencial para personas y animales de compañía, eso no creo que sea discutible, tal es así que los instaladores estarían obligados a señalar o recubrir este tipo de elementos con gomas de colores llamativos (rojo) por el peligro que representan para trabajadores y viandantes.
De los matojos que quieren que les diga, crecen por doquier, motivo más que justificado para ese continuo mantenimiento que se debe. En el caso del paño de muralla Sur, donde la Virgen de África, vemos que ya han crecido y no creo que hayan pasado cuatro meses desde que quitaron los andamios de trabajo de esa zona; el baluarte de San Miguel también está orientado al Sur - su restauración es del mismo tiempo más o menos - y está limpio, algo no se ha hecho bien aquí, desde luego.
El caso de Fuente Caballos es de traca: nos gastamos un dinero en luminarias, sendero pintado, bancos y barandillas… un entorno idílico donde disfrutar de vistas al mar… te das la vuelta y es para llorar: un paño de muralla que es un jardín colgante, con una reposición heterogénea de materiales que van desde el ladrillo aplantillado al cemento pasando por la mala piedra en el mejor de los casos... y cuando jarrea no veas lo que sale por sus alcantarillas. Una de las bellezas sin igual de Ceuta (y no es por exagerar porque hay pocas ciudades en España que lo tengan) es la posibilidad de poder observar su antiguo perímetro defensivo, que entre la muralla natural y la hecha por el hombre circunda su istmo y la Almina. Tenerlo visible y visitable, con sus fuertes y baterías recuperadas, sus puntos artillados provistos de armamento figurado o real (hemos tenido esta posibilidad) sería algo que pocos podrían mostrar.
Mientras tanto, nosotros aquí mirándonos el ombligo, soleándonos en la bahía Sur, mientras sus murallas ven como año tras año nos gastamos los cuartos en las playas que resguardan, pozo sin fondo de los arenales de LA RIBERA y EL CHORRILLO.
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