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Heroísmo y fuego en las montañas del Rif: la historia olvidada de Kudia Tahar

El Centro de Historia y Cultura Militar acogió una conferencia, a cargo del coronel de Infantería Jesús Araoz Fernández, sobre uno de los episodios más duros de la guerra del Rif, previo al Desembarco de Alhucemas

El Centro de Historia y Cultura Militar de Ceuta acogió en la tarde de este martes una conferencia bajo el título Acción Kudia Tahar, septiembre 1925’, impartida por el coronel de Infantería Jesús Araoz Fernández. El acto congregó a un numeroso público, entre civiles y militares, interesados en revivir un episodio clave del Protectorado español en Marruecos y su relación con el Desembarco de Alhucemas.

El coronel Araoz, en situación de reserva desde 2024, ofreció un relato minucioso de los acontecimientos ocurridos en la posición de Kudia Tahar, uno de los enclaves defensivos más importantes de la zona de Tetuán. Su exposición fue aplaudida por la claridad, el rigor y la emotividad con la que abordó la resistencia española frente al acoso rifeño, contextualizando la acción dentro del marco estratégico de aquel septiembre de 1925.

Según explicó el ponente, la ofensiva del líder rebelde Abdelkrim en la zona de Gorgues (Tetuán) tenía como objetivo desestabilizar la región y forzar el retraso o cancelación del ya inminente Desembarco de Alhucemas. Para ello, los rebeldes desplegaron una intensa presión militar sobre varias posiciones clave, entre ellas Kudia Tahar, Ben Karrich, Tazarines y Nator.

Una posición estratégica bajo asedio

Araoz narró cómo la posición de Kudia Tahar, ubicada sobre el macizo de Gorgues, estaba ocupada por la 1ª Compañía del Batallón Expedicionario del Regimiento Infante nº 5, con guarnición en Zaragoza. Esta fuerza estaba al mando del capitán José Gómez Zaracibar, y contaba con el apoyo de una sección de Artillería de Montaña, bajo la dirección del teniente Ángel Manjón Carrasco. También formaban parte del destacamento varios telegrafistas y un heliógrafo.

En la madrugada del 3 de septiembre, tropas rifeñas de la kábila de Beni Hosmar, al mando del jefe tribal El Heriro, iniciaron un ataque masivo con aproximadamente 2.000 hombres. La ofensiva fue apoyada por nueve piezas de artillería enemiga ubicadas en posiciones elevadas como Hafa Duira, desde donde comenzaron a bombardear la posición a las 06:20 horas.

Las primeras descargas causaron graves daños materiales y humanos: quedaron destruidas las tiendas de campaña, parte del polvorín, y fueron inutilizadas tres piezas artilleras españolas. En este bombardeo murieron el teniente Manjón, el sargento Miguel González y 18 artilleros, lo que mermó significativamente la capacidad de resistencia de los defensores.

La lucha cuerpo a cuerpo y la falta de recursos

La arremetida rifeña continuó durante todo el día, con fuego de fusilería y ataques cuerpo a cuerpo que llegaron hasta las alambradas de la posición. Los defensores, aunque diezmados, lograron repeler los avances gracias a su determinación y disciplina militar, destacando la eficacia del combate cercano.

A medida que avanzaba la jornada, la situación se volvía crítica: las municiones escaseaban, al igual que los víveres y el agua. Los constantes ataques hacían imposible el envío de refuerzos o suministros. Los cadáveres de los caídos, imposibles de evacuar, comenzaron a descomponerse, obligando a los soldados a enterrarlos entre el parapeto y las alambradas.

Ante esta desesperada situación, el capitán Zaracibar encomendó al alférez Florencio Yagüe Romero la misión de romper el cerco y alcanzar la posición de Nator Principal para pedir auxilio. Esta arriesgada acción fue determinante para coordinar los refuerzos que llegarían posteriormente a aliviar la presión sobre los defensores.

Valor, sacrificio y memoria histórica

Araoz insistió en la importancia de recordar esta acción no solo por su valor militar, sino por ser un ejemplo de sacrificio, disciplina y cohesión entre diferentes unidades del ejército español. Destacó también el papel del personal de transmisiones, fundamental para mantener la comunicación bajo condiciones extremas.

El conferenciante contextualizó este episodio dentro de las operaciones previas al Desembarco de Alhucemas, que tuvo lugar el 8 de septiembre de 1925, apenas cinco días después del asalto a Kudia Tahar. Esta acción se considera uno de los mayores logros estratégicos y tácticos del ejército español del siglo XX y supuso el principio del fin de la rebelión rifeña.

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