Colaboraciones

Guardianes del Paraíso: Península Arábiga

Nuestro Mitsubishi Montero se hace marinero al introducirse en la bodega del barco que nos llevará durante 10 horas de singladura hasta la Península Arábiga. Embarcamos en el puerto iraní de Bandar Abbas y desembarcaremos en el Emirato de Sarjah, uno de los siete emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos.

Lo sabemos, Gengis Khan no pisó estas exóticas tierras pero cuando planificamos la ruta nos dijimos: "¿y por qué no hacer este "extra" si pasamos al lado?". ¡Y aquí estamos! Navegando en una travesía nocturna. La embarcación no tiene cabinas, solo butacas pero al ir casi vacío pudimos "medio-dormir" tumbados en una fila de cuatro y sobrellevar mejor las más de 10 horas de navegación. Y por fin al amanecer vislumbramos la Península Arábiga y desembarcamos en la tierra de los Siete Emiratos.

El emirato de Dubai, como ocurre con el emirato de Abu Dhabi, buscan existir para el resto del mundo centrándose en el "futurismo". La extrema riqueza que les proporciona el petróleo les permite acceder a la tecnología punta. Hay mucha ostentación, impresionante red de carreteras, centros comerciales de lujo extremo, sky lines que son bosques de fastuosos rascacielos...

Y de repente saltamos en el tiempo. Las finas arenas del desierto arábigo en Abu Dhabi te acarician como terciopelo pero cuando te relajas... te rodean, te atrapan como una boa. Y en una de nuestras incursiones por las dunas nos quedamos atascados y a base de pala y planchas conseguimos superar la prueba para dirigirnos a una nueva frontera y un nuevo destino: Omán.

Este nuevo país se convierte en una etapa con grandes expectativas. Hoy en día es un paraíso de paz, seguridad y amabilidad pero sus impresionantes fortificaciones son la herencia de tiempos pasados muy revueltos . Fueron realmente belicosos hasta la no tan lejana década de los años 70 del s. XX.

El primer fuerte que alcanzamos es el fuerte de Yanqul, pero este sólo será el primero de los muchos que siembran la geografía omaní. Algunos se encuentran en estado ruinoso, otros han sido restaurados con arte y gusto para rememorar ese pasado en el que Omán fue una etapa vital durante la época de la Ruta del Incienso. Estamos ante otra de las grandes y legendarias rutas comerciales tan importante como la mítica Ruta de la Seda. De hecho, en pleno s. XXI el incienso sigue siendo uno de los productos más importantes de la economía omaní. Y antes de la riqueza que le dio el petróleo, la prosperidad de las tierras del interior provenía de los frondosos y ricos valles agrícolas. La palmera datilera ha sido y sigue siendo la reina de la agricultura omaní. Largas caravanas surcaban sus arenas y montañas transportando sus exóticos productos.

Al decir Península Arábiga nos imaginamos un territorio repleto de arena pero en Omán nos encontramos espectaculares "jebeles" (montañas). Se erigen como auténticas olas petrificadas creando una serie de murallas rocosas que encierran cañones, oasis, wadis y mucha aventura para explorarlos a través de pistas excavadas en este oleaje fosilizado. Alcanzar la cima de algunos jebeles y acercarse al borde del precipicio permite captar la magnificencia de un paisaje grandioso y cautivador... con inquietantes abismos a nuestros pies.

Desde el primer día sentimos la hospitalidad del pueblo omaní. Son numerosas las veces que entablan espontáneamente conversaciones con nosotros y nos invitan a la ceremonia hospitalaria del café arábigo aromatizado con cardamomo o azafrán y por supuesto... siempre acompañado de sus sabrosos dátiles. Una gran sonrisa y un "welcome" en sus labios son su carta de presentación.

Entre fuerte y fuerte recorremos ríos pero... sin agua. Son los “wadis”, los lechos secos de ríos que tan solo llevan agua cuando hay grandes tormentas y entonces muestran su cara más perversa, son avasalladoras torrenteras que pueden arrastrar rocas de varias toneladas de peso. Su “cara amable”, cuando los wadis están secos, los convierten en atajos que surcan el desierto, una vía directa para ir de un punto a otro sin necesidad de pistas ni carreteras.

El Mitsubishi Montero nos deleita permitiéndonos alcanzar mares de palmeras que cubren prósperos valles bendecidos por el agua de las montañas y del subsuelo. ¡Agua!... una palabra mágica que da la vida en medio de la aridez de la Península Arábiga. El agua, más preciada y codiciada que el oro, había que protegerla y en Omán fue así durante centurias con impresionantes fortificaciones que siguen recordándonos su pasado, eran los guardianes del paraíso. Pero tras los palmerales y jebeles nos aguarda el mayor guerrero de la Península Arábiga, tan cautivador como despiadado: el temido desierto del Rub-al-Khali.

Toda esta ruta se puede ver en detalle en Facebook en @RutaGengisKhan y en la página web www.ruta-imperios.com

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