Una flor marchita fue llevada a su lugar de origen. Ella observó a sus congéneres y con su espejo se miró. Y fue rápida su pregunta, ¿qué me ha ocurrido? Si esa flor es familia mía y tiene esa tonalidad tan hermosa y yo casi me parezco al carbón.
Y empezaron sus recuerdos cuando vio la luz por primera vez y los pájaros revoloteaban cerca mía y me preguntaban por mi nombre, y yo los ignoraba ya que tenía miedo que me pudieran picotear mis tiernos pétalos y dejarme sin mis encantos. Y veía a las mujeres humanas mirándome y a muchas se les escuchaban esa voz interior, que era pura envidia de admirar una flor tan bella única y radiante.
Y yo volaba en mi esencia de ser tan querida y nunca pensé que un día fuera cortada y metida en un plástico, con un lazo y enviada a una mujer que me dio mil besos y me metió en agua.
Pero sabía que me estaba ocurriendo algo, me iba apagando poco a poco, y eso era mala señal, y ahora comprendo que todas estamos destinadas a algo y debemos de disfrutar nuestros instantes de triunfo, que aunque fuera poco tiempo, pero me pareció ser una Reina en mi estante de exposición.
Hoy ya estoy casi apunto de ser una basura olvidada, pero en el pasado admirada. Adiós amigos de unos momentos y que el recuerdo persista para el futuro.
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