Ha sido la mayor tragedia asociada a la inmigración que ha ocurrido en España. Ceuta y el espigón del Tarajal se sitúan en el foco de una cadena de sucesos que se ha llevado a jóvenes, mayores, mujeres y niños.
Todos perdieron la vida ahogados y aplastados cuando la locura colectiva y el nulo control marroquí en su frontera alentó al cruce de miles de personas en los dos últimos días de julio.
El hospital militar se ha convertido en el centro de operaciones para el trabajo conjunto de guardias civiles y forenses.
Se acelerarán las autopsias de los fallecidos en la avalancha y de algunos cuerpos de otros que habían perdido la vida solo días atrás. En total 80 cuerpos, de los que la mitad ya han sido examinados.
Ha muerto un adolescente de unos 13 años, muchos jóvenes de entre 20 y 30 años y al menos una mujer (se debe concretar la existencia de otra más).
Ya se ha conseguido saber quién es uno de los fallecidos. Tiene su historia. Era un señor de entre 50 y 60 años que estuvo durante muchos años trabajando de jardinero en un chalé en Ceuta.
Con el COVID quedó atrapado y su historia laboral finalizó. La falsa llamada a un cruce fácil terminó en ese espigón, aplastado por otros que, como él, seguían la misma ruta.
El Servicio de Criminalística de la Guardia Civil está aplicando tecnología satelital pionera en Ceuta para avanzar en las identificaciones.
Agentes especialistas del SECRIM de la Guardia Civil han puesto en marcha sobre el terreno el sistema IDENTISAT GC, que es una tecnología propia que permite enviar huellas dactilares vía satélite al instante y sin necesidad de red móvil.
“Gracias a este avance desarrollado por el Departamento de Identificación, el equipo especializado DVI agiliza los procesos forenses en situaciones complejas, sumando hasta la fecha la gestión de 22 autopsias”, ha expuesto la Benemérita.
“La innovación tecnológica sigue siendo una herramienta fundamental para dar el mejor servicio a la sociedad en los momentos más difíciles”.
Este lunes se procederá al traslado de todos los cadáveres a la nueva cámara de conservación que se ha montado en el hospital militar a modo de gran habitación en donde guardarse varios cadáveres.
Los cuerpos se evacuarán desde las cámaras en donde se encuentran, en el mismo Hospital, usadas de forma provisional.
La labor de identificación supone un trabajo complejo para cotejar las huellas y las muestras de ADN.
Todas las huellas deben estudiarse con los bancos de datos de otros países, esencialmente Marruecos, y el ADN aportado por familiares, topándose con la traba de no poder cruzar la frontera.
Las labores ahora se centran en los cuerpos recuperados, pero siguen apareciendo más. En la noche del domingo se recuperaron varios bastante dañados.
La mayoría de los cadáveres puede ser reconocido con una reseña dactilar que luego hay que comparar con algún dato del cuerpo.
Los protocolos forenses obligan a hacer una identificación genética adicional, que se va a llevar a cabo también.
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