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Una grieta en el techo del Centro Asesor de la Mujer crea temor entre las usuarias

Aseguran que la dirección está enterada, incluso lo comunicaron a la Ciudad, pero no se han tomado medidas al respecto | "¿Tenemos que esperar a que ocurra una desgracia?", relataban

Una grieta en uno de los techos de las salas empleadas para el desarrollo de clases de gimnasia para personas mayores en el Centro Asesor de la Mujer ha despertado cierto temor entre las usuarias, quienes han decidido denunciar la situación dada la gravedad del asunto.

Todas las alumnas que han decidido alzar la voz son personas mayores que pretenden evitar una “desgracia” en la sala afectada por las obras que se están desarrollando en el propio edifico.

Con la vista puesta arriba

La grieta a la que se refieren habría sido consecuencia de las obras ejecutadas en el lugar. Hace ya seis meses que conviven con ella. Desarrollan sus clases, pero con la vista puesta arriba, en el techo.

“Además, sabiendo que hay una grieta, cargan el techo con peso. Se pueden ver objetos de gran peso arriba”, decía una de las usuarias.

Durante meses han estado derivando sus quejan a las personas responsables de las clases y aseguran que la dirección del centro está enterada, incluso han aprovechado algún momento para referirle la situación a autoridades de la Ciudad, pero sin logro alguno.

Tomar las riendas ante el temor

Es por esto que, tras un largo periodo de espera en el que solo han visto pasar el tiempo, han tomado las riendas y han decidido exponer públicamente la situación que están viviendo.

“¿Tenemos que esperar a que ocurra una desgracia?”, agregaba otra de las usuarias. Es este un espacio ideal para recordar lo ocurrido en el colegio Ramón y Cajal, cuyas voces alertaron que podía suceder en algún momento el derribo de las infraestructuras por el estado de las mismas, hasta que sucedió.

20 personas por clase

Al cabo del día, numerosos grupos de usuarias pasan por estas salas, habiendo unas 20 personas por clase impartida.

Muchas de ellas no se decidían a alzar la voz por temor a que se produjera un parón en las clases, pero la grieta va a mayores y estas mujeres prefieren prevenir antes de curar, aunque expresan su intención de no cesar su actividad, pudiendo ser derivadas a otro salón mientras llega una solución a la grieta que tanto temor ha despertado.

Las clases, con normalidad

El temor se ha convertido en indignación después de meses de advertencias sin respuesta por parte de la dirección del centro ni de las autoridades municipales. Las afectadas aseguran que han agotado todas las vías posibles para buscar una solución, pero la situación continúa sin cambios.

A pesar de ello, las clases se siguen desarrollando con normalidad, aunque con el miedo constante de que pueda ocurrir un accidente. “Llevamos medio año con la vista puesta arriba. Cada vez que hacemos un movimiento o un estiramiento, miramos el techo por si acaso”, comenta una de las mujeres que acude dos veces por semana a las clases de mantenimiento.

Una grieta con peso encima

Las usuarias explican que el miedo no solo se debe a la grieta en sí, sino también al peso que se acumula sobre el techo afectado. “Sabiendo que hay una grieta, cargan el techo con peso. Se pueden ver objetos grandes y pesados arriba, justo encima de la sala donde hacemos ejercicio”, denuncia otra de las asistentes.

La incertidumbre a un posible derrumbe debido al aumento de dicha grieta es compartido por la mayoría, especialmente por tratarse de un grupo formado principalmente por personas mayores.

No buscan generar alarma

Las mujeres insisten en que no buscan generar alarma ni paralizar las clases, sino garantizar la seguridad. “Queremos seguir con nuestras rutinas, pero sin miedo”, relatan.

Por ahora, el Centro Asesor de la Mujer no ha emitido ningún comunicado oficial sobre el estado de la grieta, del techo ni sobre las posibles actuaciones previstas.

Las usuarias, sin embargo, aseguran que no dejarán de insistir hasta que alguien les ofrezca una respuesta y una solución real, y tampoco dejarán de asistir a sus clases, porque son necesarias para ellas. “No pedimos nada extraordinario”, dicen, “solo poder hacer nuestras clases en un lugar seguro”, concluyeron.

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