Soy padre de Iker y Alejandro, y escribo estas líneas porque necesitaba decir, alto y claro, lo agradecidos que estamos en casa a todo el equipo de la Escuela Infantil La Pecera de Ceuta.
Todos sabemos que La Pecera lleva años sacando adelante su labor con muchas menos instalaciones y recursos de los que merecería. Y, sin embargo, cada mañana, quienes trabajan allí lo compensan con algo que no se compra con ningún presupuesto: cariño de verdad hacia nuestros hijos. Por eso quiero nombrarlos, uno a uno, porque se lo han ganado.
A Iker lo cuidan y lo achuchan cada día Inma, Lamia y Fati, y a Alejandro, Nati y Alberto: gracias por su paciencia infinita y por el cariño con el que los reciben cada mañana. A Fede, el conserje, gracias por estar siempre ahí, con esa disposición callada que hace que todo funcione. A las cocineras, gracias por ese olor a comida casera que recibe a los niños nada más entrar y que, sin decir una palabra, ya les hace sentir en casa. Y a Irene y Miriam, al frente de la dirección, gracias por sostener este proyecto con tanto compromiso, incluso cuando las circunstancias no lo ponen fácil.
Gracias a todos ellos, Iker y Alejandro no van a una escuela: van a su segundo hogar, y crecen allí felices, queridos y seguros. Eso, para cualquier padre, no tiene precio.
Quede aquí constancia pública de nuestro cariño y agradecimiento a todo el equipo de La Pecera, y también un ruego a quien corresponda: que este centro y las personas que lo hacen posible tengan pronto los medios que su entrega y nuestros niños merecen.
Con todo el cariño, Papá Ángel, GRACIAS.
PD: su mamá también.






