Desde que se hizo oficial que una cachorra había dado positivo en rabia se ha generado una cascada de informaciones, reacciones, comentarios, opiniones que han dado pie a una situación de tensión social evidente y para cuyo freno no se está demostrando una buena gestión del problema. Sanidad compareció días después de confirmarse el positivo para, básicamente, repetir hasta la saciedad que todo estaba controlado. No caer en el alarmismo no choca con ser más explícitos y claros con cada paso que se dé, algo que no está sucediendo. La Ciudad se despachó ayer con un comunicado para intentar clarificar las cosas. Debería haberse convocado una segunda rueda de prensa para poder preguntar y resolver dudas que no las clarifica esa nota. Hasta este momento nada se ha dicho sobre el estado del expediente que debe estar iniciándose sobre el origen del problema: la acción irresponsable de quien metió en Ceuta una perra herida, saltándose los protocolos que existen en una ciudad frontera con Marruecos en la que siempre se ha tenido mucho respeto y celo con este asunto. Tampoco, a fecha de hoy, se da la cifra exacta de perros o gatos sacrificados. Nadie cuestiona que se haya adoptado esa medida por cuestión de seguridad pública -sobre todo porque no estamos libres de que haya un segundo foco de rabia ya que la cachorra estuvo en contacto con más animales-, pero es mejor dar publicidad a todas las medidas desarrolladas que generar este tipo de situaciones. A fecha de hoy no hay ni una sola campaña de publicidad en radios, televisiones, periódicos, redes sociales sobre las medidas que deben acatarse, hasta el punto de que muchos ciudadanos viven ajenos a un problema que es grave y que, como tal, debe ser tenido en cuenta. No se ha dado publicidad siquiera al bando pertinente ni se cumplen las medidas obligadas como son las de que todo dueño de mascota debe llevarla amarrada.
En el comunicado se deja claro que la ausencia de protocolos en la Protectora en socialización, desparasitación, identificación y vacunación ha llevado a esta situación, pero no se dice quién es responsable de que, por ejemplo, hubiera perros sin vacunar como dice la Ciudad. Siendo una asociación que debe fiscalizar su labor, ¿quién debía controlar que esto se hiciera? Se habla de la Protectora como si hubiera un equipo de profesionales encargados de controlarla, cuando es llevado por cuatro voluntarios y cada vez es mayor el número de abandonos. En Ceuta todo lo que tiene que ver con la gestión de los animales es un caos, no se castiga con dureza los abandonos, no se atienden los servicios como se debiera, nadie hace caso al desbarajuste habido en esta sede en cuanto a que no hay personal suficiente para limpiar y atender a los canes y gatos recogidos. Eso debe tenerse en cuenta y eso debe ser asumido también por quien ha permitido que esa situación de descontrol haya derivado en este desaguisado que nos afecta a toda Ceuta.
Porque el caso de rabia es cuestión grave, aunque parece que aquí se está pasando sobre el tema de puntillas. No se trata de cargar las tintas contra unos u otros, de criticar titulares de medios de comunicación, de si han sacrificado ‘x’ número de animales. Se trata de que hay un foco, de que no estamos libres de que haya un segundo. Pero hay quienes solo piensan en mirarse el ombligo y rechazar responsabilidades.






