En Ceuta operan tres funerarias, detrás de ellas hay padres de familia que están en primera línea de riesgo ante al covid; padres de familia que no solo han tenido y tienen que lidiar con los riesgos generados por este virus sino que también se han transformado en apoyos clave para todas esas familias que han perdido a un ser querido y que han encontrado en estos profesionales ese aliento tan necesario.
Ellos son, sin duda, los grandes olvidados porque muy pocos son los que reparan en su servicio esencial en una pandemia que ha dejado más de 70 muertos en nuestra ciudad vinculados directamente al Covid-19 pero que, además, han seguido con los otros fallecimientos acontecidos en Ceuta y relacionados con otras causas.
Ha habido jornadas durísimas, con muertes que se pisaban una a otra; jornadas sin descanso en las que había que calmar la tristeza de unas familias que no solo perdían a sus seres queridos sino que además este virus impedía que pudieran despedirse físicamente de ellos. Ceuta ha vivido momentos trágicos que no han terminado, momentos en los que los trabajadores de las tres funerarias operativas en la ciudad -Albia Nuestra Señora del Carmen, Curado y Al Qadr- han estado en primera línea expuestos a lo peor, constituyendo sin duda uno de los sectores profesionales en el foco del virus de forma continuada.
En esta pandemia ha habido muertes en el Hospital y en viviendas particulares, espacios a donde han tenido que trasladarse los funerarios que, si bien están protegidos con todos los materiales debidos, eso no quita que su día a día esté más expuesto que el de otras profesiones. Y a pesar de ello no están vacunados ni han sido considerados como los primeros sectores en recibir dicha vacunación al no haber sido incluidos en la primera etapa de la estrategia de vacunación establecida por el Ministerio de Sanidad en la lucha contra el coronavirus. Resulta incongruente que un sector que sí se expone directamente al virus, atendiendo directamente fallecidos y moviéndose en el entorno en donde estos han estado, no se les haya considerado prioritarios, al nivel de los trabajadores sanitarios.
Detrás de estos profesionales están además sus familias. Su papel ha sido y es fundamental no solo en el trámite de recogida y traslado de fallecidos, sino también en ese papel psicológico que tienen que desempeñar por las propias circunstancias sobrevenidas al encontrarse a familias completamente rotas que incluso han perdido a más de un ser querido en esta pandemia y se han encontrado solos o, en muchos casos, ni los han podido velar. Es precisamente en ese momento cuando un mensaje de consuelo se ha convertido en lo más preciado y valorado.
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