Las administraciones tienden a dulcificar la realidad. Es su misión. Lo ilógico sería que nos contaran la parte negativa de las historias que cada uno de nosotros sufrimos. El PP y el PSOE saben hacerlo perfectamente, en eso sacan matrícula.
La frontera siempre ha sido la gran pesadilla para ambos partidos en el poder y los dos han intentado moldear lo que ocurría para que la verdad no estropeara un buen escenario.
Los populares llegaron a negar que en la frontera se producían avalanchas. Frase mítica dicha por un delegado del Gobierno que parecía vivir en otra galaxia; mientras los porteadores cruzaban a la carrera con la espalda cargada de bultos, el señor en plena plaza de los Reyes te venía a decir que todo era normal.
Ahora no tenemos aquellas imágenes. En algo, cierto es, hemos avanzado, pero no en todo. La frontera no funciona como debe y el claro ejemplo son las colas de hasta 4 horas que se producen para cruzar de un lado a otro (esto sucedió el fin de semana). Delegación del Gobierno nos vende lo contrario, bautizando sus manifestaciones con una nota oficial como si esto sirviera para dar veracidad a lo que no lo tiene.
Hay retenciones, hay colas y todo aquel que cruzó este pasado fin de semana tuvo que experimentar, en determinados momentos, esperas nada acordes con lo que se pretende calificar de tráfico fluido.
Los propios afectados tuvieron que soportar el embotellamiento que se genera en el lado marroquí, en donde cualquier trámite es mucho más lento de lo normal y en donde las decisiones se adoptan de forma bien alejado a lo considerado razonable.
Pintar una versión de lo que ocurre contraria a lo que cualquier ciudadano puede sufrir en sus propias carnes es torpe. Mucho. Sobre todo cuando van a meterse en una plaza a torear sin que nadie haya culpado a la administración española de lo que sucede en estos momentos. Quizá se esté teniendo la piel demasiado fina para todo. Hasta para hacer el ridículo.







De vergüenza y tienes oda la razón Carmen. Son unos mentirosos. La frontera es una ratonera y Dios quiera que no pase nada, pero cuando entras en los carriles, no hay vuelta atrás. Si alguien se pone malo o le da un infarto algo normal que puede ocurrir, esa persona se muere. Es una trampa mortal que tendría que estar prohibido. No hay salida por ningún sitio. Y a los de la frontera marroquí les da igual. Nos tratan fatal y como si todos fuéramos delincuentes. No son nada profesionales y además no tienen ni la más mínima dignidad. Pero ellos a fin de cuenta no tienen la culpa. La culpa la tienen los mandos que son todos incompetentes.