Lo sucedido ayer en la frontera es de tal gravedad que urge una aclaración inmediata. Es inconcebible que se impida a dos agentes de la Policía Nacional el ejercicio de sus funciones más cuando se está intentando proceder al arresto de una persona que ha atentado contra una componente del CNP.
Que ese obstáculo haya venido por parte de miembros de la Policía marroquí no solo resulta sorprendente sino que pone en evidencia la necesaria y comprometida coordinación que debe existir a ambos lados. Hay muchos precedentes de buenas relaciones, de coordinación adecuada para atajar el delito, por eso no se entiende que ayer se obrara de esta forma impidiéndose hasta en dos ocasiones que se llevara a cabo el arresto de una porteadora que había insultado, empujado, arañado y golpeado a una mujer de este Cuerpo.
Los hechos han sido denunciados de forma clara en las dependencias policiales, existe un atestado en el que se narra con detalle lo ocurrido, concretándose los insultos que tuvo que padecer la agente que atentan, además, contra su condición de mujer y de los que evitamos su reproducción por respeto. Esto no puede quedarse en un episodio más, en un caso que caiga en el olvido porque es de tal magnitud que debe obtenerse una respuesta oficial de inmediato ya que la institución policial no ha sido siquiera respetada en su necesario ejercicio de control fronterizo amén de que se ha incurrido en una obstrucción clara de la acción de este Cuerpo además de un atentado.
Hechos como éste son los que ponen en evidencia un trabajo de cooperación que debe ser respetado por el bien de ambos países, más si cabe cuando se está abordando la problemática en la que, a diario, incurre la población porteadora y que ayer llevó a que, de nuevo, la Guardia Civil tuviera que activar un dispositivo de control para evitar avalanchas. O lo que es lo mismo, evitar muertes.
Como telón de fondo de toda esta situación asoma la siempre reclamada presencia de agentes policiales. La Jefatura tiene encima de la mesa quejas sindicales en las que se reclama un incremento de efectivos para poder garantizar la seguridad debida. La última se ha hecho pública esta misma semana, cuando la CEP ponía sobre la mesa la presión sufrida por los agentes en puerto y frontera hasta el punto de que este tipo de mermas en medios y efectivos no hace sino envalentonar y dar mayor fuerza a los violentos. Sucedía días atrás en el puerto con los contrabandistas de tabaco y ahora se ha repetido en la frontera con los porteadores.
Las respuestas son necesarias, urgen, tienen que darse de inmediato. No puede permitirse nunca, bajo ningún concepto, que dos agentes del CNP se vean presionados por otros agentes marroquíes hasta el punto de que una agresora haya podido librarse de la condena judicial clara que le esperaba. Falta tiempo ya para las explicaciones y, por supuesto, la adopción de medidas.
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