Ceuta ha perdido ya la cuenta de la cantidad de ocasiones en las que ha pedido que el Tarajal tenga las mismas condiciones que el resto de fronteras exteriores de la UE. Lo ha hecho valer en todos los foros, pero la frontera sigue siendo la misma. Con una apariencia mejor, sometida a una restricción que evita males mayores, pero la misma línea en donde cualquier nimiedad puede hacer saltar la peor de las crisis. No son las infraestructuras ni las instalaciones, ni siquiera las inversiones que pueden llegar a ejecutarse, sino el concepto de control fronterizo que se aplica en una de las zonas de mayor presión e inestabilidad para la Unión Europea en donde siguen todavía primando criterios difusos.
Sobre el mapa se da una situación bien distinta a cuando se producen momentos críticos que, desgraciadamente, no son casuales. En esos repuntes es cuando se debe garantizar una mínima norma de actuación que evite problemas a las fuerzas de seguridad actuantes y que garantice la integridad y los derechos de cualquier persona, algo que hoy por hoy no tiene cabida. Por eso cuando la tensión explota de la peor de las maneras tiende a producirse el lote de peores consecuencias que dejan a las mismas víctimas por el camino.
El alcalde Vivas ha solicitado a la secretaria de Estado de Migraciones, Isabel Castro, que el Tarajal pueda funcionar igual que el resto de fronteras de la UE. Lo que debe pedir son garantías no solo económicas y con infraestructuras suficientes como para afrontar cualquier tipo de presión, sino también una protección que fuerce a Europa a implicarse cuando se producen problemas, a pronunciarse rápidamente, a no opinar sin conocer y a proteger a los actores que tienen que trabajar en unas condiciones extremas que pueden tornarse en críticas de la noche a la mañana, como sucedió con motivo de la entrada masiva de mayo.
Lo que se le tiene que pedir a Europa es que reaccione con la rapidez y solvencia necesarias para no dejar a Ceuta, como tampoco a Melilla, en una cuneta por falta de protocolos adecuados, de medios suficientes y sobre todo de la celeridad necesaria para no verse solas.






