Es lógico que quienes consideran imposible el acuerdo de buenas relaciones político-fronterizas entre España y Marruecos cuestionen la puesta en marcha de una aduana comercial. Aceptarla como posible rompería sus esquemas, atacaría directo al corazón el discurso extremista de los que siguen adueñándose de la bandera y negando que es viable cualquier relación basada en el respeto en cuanto a temas de interés común entre países se refiere. Ni la constatación de los hechos les hace variar su opinión, hacerlo sería terminar de un plumazo con su (no) programa, que se sustenta básicamente en el enfrentamiento y en la recuperación de los mensajes de los asustaviejas. Más allá no hay nada. Si se dan cuenta sus intervenciones son siempre sobre los mismos asuntos porque carecen de ideario o propuestas para sacar adelante esta ciudad y el país.
El pasado sábado la Delegación del Gobierno anunciaba en una nota de prensa cambios en el horario de la explanada de embolsamiento por el inicio de las obras para comenzar a implantar dicha aduana comercial. Sorprende que algo incluido en un documento de prensa que parte de la propia plaza de los Reyes sea cuestionado incluso por medios de comunicación o que formaciones como Vox los tilde de cortinas de humo.
El compromiso entre los dos países es un hecho y el inicio de las obras de urgencia para que dicha aduana abra en 6 meses es un anuncio sobre el que van a trabajar ambos lados porque, entre otras cosas, necesitan llegar a un mínimo acuerdo para regular expediciones comerciales fronterizas que aporten un mínimo de seguridad y terminen con las prácticas irregulares del porteo encubierto.
Se trabaja en que esa frontera sea algo digno, algo diferente a la pesadilla o, mejor dicho, la monstruosidad que todos consentimos durante años y años. Esa monstruosidad que dejó escenas tercermundistas, inhumanas, impropias de una frontera sur de Europa que quedó abandonada a su suerte. Convertir ese paso en algo digno es lo mínimo que cabe esperar.







Digno sería que siete,ocho, veinte tíos que han entrado nadando a escasos 20 metros de la orilla y son interceptados, puedan ser rechazados por la puerta más próxima y no que un soldado marroquí tenga más autoridad que el gobierno de España y diga que por allí no han entrado y no acepte el rechazo. Digno sería disponer del suficiente número de componentes de las fcse para controlar lo que entra y lo que sale y no tener que disponer de una vigilancia privada, puesto que una aduana o frontera no es competencia suya. Digno sería tener una infraestructura donde los rechazos no tengan que hacerse en plena calle donde todo el que pasa ve lo que ocurre y tiene contacto con los que han entrado. Si vamos a llamar dignidad a coger una maleta, llenarla de papel higiénico, compresas, tarros de Nocilla y galletas con algún tarro de gel o champú,apañaos estamos. Déjate de poner tantas medallitas que está la frontera de pena