“Sin este servicio, muchas personas ni siquiera podrían salir a comprar el pan, caminar por las calles, tomar el aire”. Las palabras de Germinal Castillo, buque insignia de Cruz Roja en Ceuta, corren directas a tumbarse al pie de una foto que no ganará el Pulitzer de 2011, pero que jamás nadie podrá pagar.
Son de esas imágenes que no hacen falta rescatarlas con el cebo del ‘clic’ de una moderna cámara, esos retratos que, por obligación, están destinados a ir a parar a la caoba de la estantería, esa burbuja inflada por frases sobadas, sonrisas bobaliconas, palabras hueras. No.
La imagen que sobrecoge al caminante muestra a cinco voluntarios –“hay más de treinta y siete”– tomando del brazo a ancianos, a discapacitados, acaso a personas sin familiares, dándoles conversación, enfilando la senda del buen samaritano.





