Se filtra como un rayo de luz, tímido, por una de las esquinas, camina por la acera, admirando la Catedral, el edificio del parador, el ángulo de piedra del Ayuntamiento antiguo, el cielo azul como el mar, el árbol gigantesco de la Plaza de África. Queda unos instantes obnubilado, alternando una imagen con otra, fijando la vista en cada detalle, acostándola poco a poco. Es entonces cuando advierte a tres, cuatro, cinco cruces que colorean de rojo la sombra del árbol, señales que ahuyentan la oscuridad más implacable del alma.
“Sin este servicio, muchas personas ni siquiera podrían salir a comprar el pan, caminar por las calles, tomar el aire”. Las palabras de Germinal Castillo, buque insignia de Cruz Roja en Ceuta, corren directas a tumbarse al pie de una foto que no ganará el Pulitzer de 2011, pero que jamás nadie podrá pagar.
Son de esas imágenes que no hacen falta rescatarlas con el cebo del ‘clic’ de una moderna cámara, esos retratos que, por obligación, están destinados a ir a parar a la caoba de la estantería, esa burbuja inflada por frases sobadas, sonrisas bobaliconas, palabras hueras. No.
La imagen que sobrecoge al caminante muestra a cinco voluntarios –“hay más de treinta y siete”– tomando del brazo a ancianos, a discapacitados, acaso a personas sin familiares, dándoles conversación, enfilando la senda del buen samaritano.
“Sin este servicio, muchas personas ni siquiera podrían salir a comprar el pan, caminar por las calles, tomar el aire”. Las palabras de Germinal Castillo, buque insignia de Cruz Roja en Ceuta, corren directas a tumbarse al pie de una foto que no ganará el Pulitzer de 2011, pero que jamás nadie podrá pagar.
Son de esas imágenes que no hacen falta rescatarlas con el cebo del ‘clic’ de una moderna cámara, esos retratos que, por obligación, están destinados a ir a parar a la caoba de la estantería, esa burbuja inflada por frases sobadas, sonrisas bobaliconas, palabras hueras. No.
La imagen que sobrecoge al caminante muestra a cinco voluntarios –“hay más de treinta y siete”– tomando del brazo a ancianos, a discapacitados, acaso a personas sin familiares, dándoles conversación, enfilando la senda del buen samaritano.





