La vida en su largo caminar hace extraños compañeros de viaje, camaradas causales que no por ser insólitos dejan de tener un lugar en ese camino. Peregrinos socios que sueldan sus esfuerzos, a golpe de martillo si es necesario para que encaje la maquinaria, sólo por conseguir un objetivo común, en un momento determinado y con licencia para utilizar las tretas que se crean eficaces.
No es de extrañar que estas inauditas asociaciones suelan brotar en fechas muy concretas, sobretodo cuando nos referimos a la política.
La cercanía de unas elecciones, la vanidad, la soberbia, la prepotencia, la ambición de poder, incluso la trasnochada lucha sustentada en una inexistente opresión social, son componentes básicos para la afloración de grupos, partidos y coaliciones que intentan plantearse un horizonte común; que no deja de ser más que una perversa manera de vender una utopía que les de a ellos la posibilidad de cubrir sus propios intereses.
Estos grupos normalmente no suelen cuajar, ya que todos quieren imponer sus tesis, sus ideales y lo más importante, sus números en esas listas que conformarán una alternativa política de artificioso contenido. Y después de multitud de contactos y una “estrecha colaboración” durante meses, sólo consiguen vender humo porque todo queda reducido a la mínima expresión; socios efímeros cuyas ideologías poco tienen en común, pero que pretenden haber encontrado en el otro el apoyo necesario para cubrir su déficit.
Creen haber encontrado un punto en común con el que pretenden unirse, la disputa continua por la denuncia incesante. Por mucho que nos afanamos en comprender esas acusaciones, por mucho que intentemos ver lo que ellos dicen, cuesta trabajo siquiera entenderlo.
No, es mucho más fácil intentar llenar la cabeza de pájaros a una parte de la población en contra de la otra, con argumentos sin consistencia y, menos aún, perdurables en el tiempo.
Y para ello, si es necesario, se echa mano de un partido político perdido en la memoria de la historia pasada, completamente obsoleto, sin apoyos, pero que se resiste a capitular ante la constante derrota.
Flaco favor se hacen esos extraños compañeros de viaje. La avidez por conseguir influencia política quizás, llegado el momento, se les vuelva en contra. Ese apetito por aprovechar cualquier resquicio político probablemente les caerá sobre sus propias cabezas como una loza. Una avidez de poder que sus propios seguidores pueden considerar como algo antinatura, que resquebrajará sus cimientos y que tendrá el eco suficiente para golpear con la fuerza debida en el momento justo, pasándoles factura. Y por mucho que ellos mismos o sus adeptos intenten sacar pecho y levanten la cabeza para demostrar dignidad, no conseguirán esconderse tras una fachada.
Difícil tarea tienen por delante, poco tienen para demostrar su trabajo sólo pura diatriba dialéctica, sin iniciativas probadamente viables, enfrentándose a una opción bastante más sólida y con datos muy significativos del trabajo realizado durante 10 años. ¿Crítica o esfuerzo? ¿Promesas o hechos? Preguntas a responder y que serán la clave. Efectivamente en este momento nos encontramos de cara con una realidad incontestable y el pueblo de Ceuta la reflejará en las urnas el próximo día 22 de mayo.





