Los EEUU de América, siempre se han comportado con el poder avallasador de un imperio. No hay ninguna duda, lo sabemos bien en España como consecuencia de la “Guerra de Cuba”, en la que provocó dicha guerra con la explosión del Maine; y, luego, el hundimiento de nuestra flota a la salida de Santiago de Cuba.
Los EEUU siempre ha mantenido las formas democráticas y en algunos momentos de la historia ha sido un referente de la libertad, pongamos: su oposición a la barbarie de la Alemania dominada por el nacismo y su implicación con todos sus recursos económicos y humanos en la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, desde la llegada al poder de Trump, todo ha cambiado, y EEUU se ha convertido en una potencia mezquina que sólo se mira a sí misma y en su propio beneficio, olvidando de la peor manera a todos los países del mundo. Trump es un gran empresario que no tiene escrúpulos en conseguir sus objetivos, que no son otros que conseguir beneficios aunque en ello se lleve por delante la democracia y la libertad de los pueblos.
“América es lo primero”, es su eslogan favorito que pregona de manera insistente aquí y allá por todos los foros donde participa a lo largo y ancho del mundo. No hay tregua, un día sí y otro también, sale a los medios intimidando a todos los países con su arrogante política desestabilizadora de los “aranceles”, como si el mundo le perteneciera y pudiera girar a su antojo. Nada le detiene; nada le para; como en un juego interminable donde la estulticia fuera el factor determinante de una política errática desprovista de cualquier rayo de esperanza que algunos líderes, por el contrario, han sabido iluminar a la humanidad derrochando generosidad a su paso.
No acertamos a comprender cómo un personaje tan pobre de valores y tan vacío de contenido ha logrado ser votado por millones de electores en Norteamérica; sin embargo, así ha sido, y ahora el mundo se encuentra al antojo de las ocurrencias de este personaje salido de las tenebrosas brumas de un mal sueño.
El mundo bajo la presidencia de Trump estará en un grave riesgo de una constante inestabilidad donde la palabra libertad y democracia pierdan su significado originario de evolución de la sociedad a otra mejor donde la solidaridad y la generosidad sean sus señas de identidad. Y, esto que acaece -al punto que todos lo podemos ver en cualquier telediario del día- es de tal magnitud y relevancia, que un día sí y otro también, los emigrantes son tratados en la América de Trump como si fueran parias sin ningún derecho que los asista. Y, esta política miserable contra los emigrantes -que sólo desean tener una oportunidad para salir de la pobreza que les rodea en sus países de origen- ya se tiene noticia y viene constatada en el siglo pasado desde la Alemania Nazi en sus programas de exterminio en los crematorios de los campos de concentración* como Mauthausen, Auschwitz o Treblinka.
Con Trump todo se ha pervertido y ha saltado hecho añicos el orden internacional. Ya no hay consenso y la ONU ha perdido sus antiguos valores de poner contención y cordura a las contiendas y guerras que surgen en las zonas conflictivas del Globo. Ahora, como es el caso de Ucrania y Gaza, el país más poderoso puede invadir al más débil y devastar a su población y a sus ciudades a sangre y fuego, sin que haya nadie que pueda evitarlo por el miedo evidente de ser señalado en su atrevimiento.
Pareciera que ya no existen ideales. Que cualquier idea solidaria y llena de generosidad ha sido borrada del diccionario. Ahora priman palabras como aranceles, privacidad, dinero, devastación y políticos al paño donde mienten desde que se levantan hasta que se acuestan, y sólo atienden a la labor de derribar al contrario sin importarle para nadan la marcha del país ni sus gentes.
Antes de finalizar estos párrafos me gustaría dejar una señal de esperanza de que todo cambie y que este mal sueño de ahora, vaya llegando a su término. No; no es fácil que todo cambie, y en el horizonte de este mundo terrible que nos ha tocado en suerte, cuesta creer que la esperanza vaya alumbrando los nuevos caminos por caminar. Antes bien, en el devenir de la historia, siempre han surgido avatares que han iluminado las mentes para que el mundo sea un lugar habitable, donde sea posible el desarrollo de los sentimientos como la compasión -piedra angular y principio de todas las religiones-, la solidaridad y la convivencia de la humanidad…
(*) Los alemanes crearon una serie de instalaciones de detención para encarcelar y eliminar a los “enemigos del estado.” La mayoría de los prisioneros en los primeros campos de concentración era comunistas alemanes, socialistas, social demócratas, romas (gitanos), testigos de Jehová, homosexuales, clérigos cristianos, y personas acusadas de comportamiento “asocial” o anormal.
En toda la Europa ocupada por los alemanes, los nazis arrestaron a aquellos que se resistían a su dominación y a quienes consideraban de raza inferior o inaceptables desde el punto de vista político. Las personas arrestadas por resistirse al régimen alemán fueron en su mayoría enviadas a campos de concentración o de trabajos forzados. Los alemanes deportaron a los judíos de toda la Europa ocupada a los campos de exterminio de Polonia, donde fueron asesinados sistemáticamente, y también a campos de concentración donde fueron usados para realizar trabajos forzados. Los campos de tránsito como Westerbork, Gurs, Mechelen y Drancy en Europa Occidental, y los campos de concentración como Bolzano y Fossoli di Carpi en Italia, fueron utilizados como centros donde se reunía a los judíos que luego eran deportados en trenes a los campos de exterminio. Según los informes de las SS, había más de 700.000 prisioneros registrados en los campos de concentración en enero de 1945.
El sistema de los campos nazis se amplió rápidamente después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, dado que los trabajos forzados se volvieron importantes en la producción para la guerra. La escasez de mano de obra en la economía de guerra alemana se tornó crítica después de la derrota de Alemania en la batalla de Estalingrado en 1942-1943. Como consecuencia, aumentó el uso de los prisioneros de los campos de concentración para realizar trabajos forzados en las industrias alemanas de armas. Especialmente en 1943 y 1944, se establecieron cientos de subcampos en plantas industriales o cerca de ellas. Los subcampos solían ser por lo general campos más pequeños, administrados por los campos principales que les enviaban la cantidad de prisioneros requerida. Los campos como Auschwitz en Polonia, Buchenwald en la parte central de Alemania, Gross-Rosen en el este de Alemania, Natzweiler-Struthof en el este de Francia, Ravensbrueck cerca de Berlín, y Stutthof cerca de Danzig sobre la costa del Báltico se convirtieron en los centros administrativos de enormes redes de campos secundarios de trabajos forzados.
Después de la anexión de Austria en marzo de 1938, los nazis arrestaron judíos alemanes y austriacos y los encarcelaron en los campos de Dachau, Buchenwald, y Sachsenhausen, en Alemania. Después de los pogroms de Kristallnacht en noviembre de 1938, los nazis llevaron a cabo arrestos masivos de hombres judíos y los encarcelaron en campos por periodos breves.
Equipos especiales de las SS llamados “Unidades de la calavera” (Totenkopfverbände) vigilaban los campos, y competían unos con otros en crueldad. Durante la Segunda Guerra Mundial, médicos nazis hacían experimentos sobre los prisioneros de algunos campos. Bajo el impacto de la guerra, el sistema de campos nazis creció rápidamente. Después de la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939, los nazis abrieron campos de trabajos forzados donde miles de prisioneros murieron de agotamiento y hambre.
Después de la invasión alemana de la Unión Soviética en junio 1941, los nazis aumentaron el numero de campos de prisioneros de guerra. Algunos de los campos fueron construidos dentro de campos de concentración ya existentes, como en Auschwitz en la Polonia ocupada. El campo de Lublin, luego conocido como Majdanek, fue creado en el otoño de 1941 como un campo de prisioneros de guerra y fue convertido en campo de concentración en 1943. Miles de prisioneros de guerra soviéticos fueron fusilados o gaseados ahí.
Para facilitar la “Solución Final” (el genocidio de los judíos), los nazis abrieron campos de exterminio en Polonia. Chelmno, el primer campo de exterminio, abrió en diciembre de 1941. Ahí los judíos y romas fueron gaseados en camiones. En 1942, los nazis abrieron Belzec, Sobibor, y Treblinka para asesinar sistemáticamente a los judíos del Gobierno General (el territorio en el interior de la Polonia ocupada).
Los nazis construyeron cámaras de gas para aumentar la eficiencia del proceso y para hacerlo más impersonal para los verdugos. En Auschwitz, el campo de exterminio de Birkenau tenía cuatro cámaras de gas. Al culminar las deportaciones, hasta ocho mil judíos fueron gaseados cada día.
Los judíos en los territorios ocupados por los nazis eran a menudo primero deportados a campos provisionales, como Westerbork en Holanda, o Drancy en Francia. Los campos provisionales eran usualmente la ultima parada antes de un campo de exterminio.
Bajo la dirección de las SS, los alemanes mataron más de tres millones de judíos en los campos de exterminio de la Polonia ocupada.
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