Hay quienes confunden “la fiesta del Ceuta” o el concepto de “dar buena imagen de la ciudad” con la denuncia y la crítica que son necesarias cuando algo no se hace bien. Tapar las meteduras de pata no solo es de cobardes sino que además supone hacer un flaco favor a posteriores eventos. En el encuentro de Copa entre el Ceuta y el Barça hubo muchos errores que pudieron provocar una auténtica desgracia, errores que debían haber motivado, como mínimo, una explicación por parte de la Federación –por lo que le toca- y sobre todo del Ceuta.
Pero ambos se esconden en el silencio. Aquí no pasa nada, se creen dioses en la creencia de que nadie les va a criticar, porque parece que denunciar lo que hace mal la Federación o el club es ir contra Ceuta. Pero la afición no calla, ni tampoco los muchos afectados que se han convertido en víctimas de un desastre de organización. Hubo gente que pagó su entrada, que se gastó un dinero para acudir a un evento de interés, que hizo un esfuerzo y al final no pudo entrar en el estadio.
A ellos nadie les ha dado una explicación, ni siquiera se ha emitido un comunicado para devolverles el dinero. Los hay que, accediendo, vieron el partido de pie, exponiéndose a riesgos, incumpliendo aforos y por tanto las mínimas normas de evacuación de producirse un incidente. Otros que, cuando consiguieron entrar, el partido estaba más que iniciado, habiendo soportado colas y un trato nada adecuado para acceder al Murube, o viendo cómo había quien se colaba o entraba sin enseñar siquiera la entrada porque no existía control ni escaneo de las mismas.
Otros tuvieron que pelearse por ocupar un sitio porque resulta que existían entradas duplicadas y nadie de la organización era capaz de poner orden para determinar quién tenía razón. Y no hablemos de la reventa descarada de pases sobrantes de los que se desconoce su origen y que se hacía a las afueras del estadio o cómo se seguían comprando esa misma tarde cuando se supone que estaban agotadas. Nadie controlaba salvo para quitar cuatro chucherías a unos críos o los bocadillos cuando ni siquiera había normas que lo impidieran. El aforo superado se tradujo en riesgos y esos riesgos tienen que tener sus responsables.
Pero aquí todos callan, nadie pide responsabilidad y el Gobierno futbolero del PP solo es capaz de decir que se queda contento por la imagen que se ha dado de Ceuta y por haber recibido al Barcelona, olvidando que su obligación es velar por todos y también pedir explicaciones a los todopoderosos de la Federación y del club, por mucho que al alcalde le guste tanto el fútbol que ni se atreva a cuestionar “la fiesta”.
Desde el palco, con los grandes, se ve todo bonito y así huyen de pronunciamientos públicos a los que están obligados. El estadio en obras dejó a un lado sus riesgos y se permitió la apertura del fondo norte porque convenía llenar el ‘Murube’ sin tener en cuenta lo que podía haber sucedido. Era seguro para el partido ante el Barça, pero no lo será frente a la Cultural Leonesa de este domingo. La diferencia está en la pasta y en el silencio cómplice de quienes siguen confundiendo sentimientos con responsabilidad.







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