Hace años, fue un 27 de julio sobre las 02:00 h. de la madrugada, me desperté sobresaltado. Una visión me vino al sueño de forma agobiante -en sentido inverso que Pablo, que las tenía despierto-, de esas que las personas corrientes llamamos de “restos diurnos”: "¡Hay una vela encendida en África, hay que llamar al cura!", le dije a mi mujer al despertar. Así lo hizo y nos plantamos en casa del Párroco al poco rato, que nos dio, solícito, las llaves del Santuario.
Entramos por la puerta trasera y rápidos nos dirigimos al presbiterio, desde donde pudimos ver cómo una débil llama permanecía encendida sobre el blandón izquierdo que, solitario, estaba a sus pies. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo se produjo tan desafortunado olvido? ¿En qué habíamos fallado?... Quizá el cansancio del trabajo de tantas jornadas; quizá la hora tan tardía de recogernos ese primer día de culto; o quizá que son muchos los que colaboran pero pocos los llamados a supervisar… (foto El Faro de Ceuta)
Tengo por costumbre coger el sueño repasando la jornada y lo último que ese día hice fue despedirme de Santa María de África desde el primer banco con la luz del presbiterio encendida, motivo por el que no había advertido esa tenue llama que, dándola por apagada por quien le pasara el matacandelas, pugnaba con la cera por permanecer encendida… y ese detalle, no advertido entonces, sí lo había registrado mi cerebro, y en el primer sueño salió a lo consciente como una llamada de atención de posible peligro.
Si hay un peligro latente en las cofradías -además de los cofrades “novatores” (en su acepción primigenia)- es el fuego, y de eso las hermandades tenemos sobrada experiencia. No en vano nuestra más preciada devoción nazarena fue pasto de las llamas hace años; como lo fue la Virgen de la Esperanza de La Línea o la Virgen del Patrocinio de Sevilla, por mencionar dos cercanas. A veces los altares de profusa cera toman más protagonismo que las propias imágenes y sólo se explican ya por hacerse a mayor gloria de quienes los resuelven, aunque sea a costa de esforzarse y aunque muestren cierto sentido contrario a la “estética cofrade” que actualmente se pide a las hermandades.
Que la Virgen de África quede sumergida en una cortina de velas y con Nuestro Señor por debajo de varias tandas de “cirios María” no realza ni mejora su estética cultual, más bien empequeñece y empobrece la visión que de ella nos deja. No por ello habremos de dejar de reconocer el enorme trabajo que conlleva el asunto, pero también hemos de reconocer los peligros físicos para quien anda por las alturas con los candelabros y los que puede sufrir la propia Imagen por la cercanía de las velas.
No es sólo el peligro latente del fuego (actualmente de plena actualidad sus causas para la debida prevención y cuido) también por la propia relación entre los efectos de los numerosos candeleros y la Imagen, pues no es lo mismo poco que mucho, por ejemplo: (1) cuantos menos candeleros más protección de la Imagen frente al hollín, pues las micropartículas de esos depósitos grasos se asientan sobre la policromía que con el tiempo habrá de crear una capa oscura, que apaga los colores originales y atrae más suciedad, esa que tantas veces hemos visto limpiar en los estudios de los escultores; (2) cuantos menos candeleros más protección frente a las salpicaduras accidentales por corrientes de aire o posibles caídas de velas, lo que resultaría grave riesgo para Santa María de África y su manto (que se convertiría entonces en pura gasolina, de eso sabe algo el párroco por experiencia propia); (3) cuantos menos candeleros más protección frente a la radiación térmica que se produce entorno a la Imagen, evitándose así que con el tiempo aparezcan grietas en la policromía y levantamiento de la pintura; (4) cuantos menos candeleros más protección frente a los cambios bruscos de la temperatura que se produce en ese microclima entorno a Ella y que al apagarse, y tras el enfriamiento rápido, condensa la humedad, lo que vendrá en acelerar el deterioro de los materiales orgánicos…
Por eso decimos que "menos es más". Parece que ya hemos olvidado las palabras que dejó escritas el Subdirector General de Bienes Muebles en el libreto del Proceso de Restauración de la Virgen de África: "…Nuestra labor ha concluido. Ahora comienza el tiempo en que otros serán responsables de la adecuada conservación de la Imagen de Nuestra Señora de África, Patrona de Ceuta; pero estamos convencidos que tanto los ceutíes como aquellos a quienes está más directamente encomendado su cuidado, sabrán mantener las condiciones necesarias que hagan posible su contemplación y veneración en un dilatado periodo de tiempo y que sabrán renunciar incluso a algunas costumbres recientes, en el convencimiento de que ello permitirá legar a sus descendientes esa Patrona, a la que por tantos años han demostrado su cariño, en toda su integridad, en ello confiamos".
¡Yo es que ponía el libreto debajo de las Reglas de la Hermandad en la jura de cargos de los oficiales, que quieren que les diga! Un año más, la veremos y disfrutaremos aquellos que somos sus devotos y con respeto y afecto volveremos a decir: ¡Viva La Virgen de África, vestida, coronada y en la calle! … pero que viva con cuidado, sentido común y no según el sentir ornamental de los novatores de turno. ¡Que así sea! Carlos A. Torrado López






