Aunque es así que, muchas veces, la mejor medicina es el autocuidado, lo cierto es que el fundamento de la ciencia médica es la recuperación.
A partir de una pérdida significativa en el estado de salud, se hace necesario un proceso médico, apoyado en la farmacología, y cuyo primer objeto sería el alivio de los síntomas.
En la mayor parte de las patologías, la recuperación empieza y termina en lo que podemos llamar fase médica, existiendo gran consenso en que todo el mundo tiene derecho a un tratamiento de calidad, como algo inherente a la dignidad humana.
Sin embargo, en otras tantas afecciones, y sobre todo en el terreno de la salud mental, la fase médica debe ir acompañada de una fase inclusiva. Hay que nivelar el suelo para que la persona con discapacidad psicosocial desarrolle su potencial.
En alguna ocasión escuché al doctor Manuel Beneyto, quien decía que la recuperación termina, o tiene éxito, cuando la persona recupera la esperanza por un proyecto de vida independiente.
Dado que el ser humano es un ser social, el contexto social condiciona y determina el bienestar emocional, la salud mental del individuo.
Por tanto, para hablar de una atención de calidad en el ámbito de la salud mental, la estabilización médica debe prolongarse con el entrenamiento de todas aquellas capacidades que hagan posible el desenvolvimiento de la persona en sociedad.
Al tiempo, la actitud individual de superación debe ser correspondida con la actitud colectiva de inclusión; hay que generar un entorno de oportunidades. La solución final y duradera siempre es colectiva.
Solo una experiencia mental basada en el desarrollo de un proyecto de vida independiente puede revertir la estirpe de pensamientos negativos ocasionados por la afectación de la mente.
No se conoce medicina para la transformación de las expectativas vitales de un paciente. Esto es misión de la política social.
La naturaleza del individuo determina la sociedad, pero cada vez más, la sociedad condiciona al individuo. Política y Medicina deben coaligarse para atisbar una sociedad sana, saludable, que devuelva la motivación a los brazos adormecidos; un lugar donde la salud sea la norma, y el dolor sea la excepción.
La adaptación al medio es una orden natural, biogenética diría yo. Si ampliamos la vista, vemos como en las sociedades primitivas toda la comunidad se compenetra para lograr el abrigo y el alimento. Lamentablemente, en esta sociedad última, la persona pude quedar aislada en una gran urbe, sin identidad ni rol social; sola.
Tenemos que recuperar el orgullo de participar en un proyecto común: la sociedad. Solo así la salud mental exhibirá su músculo, y la vida será una experiencia placentera.
Allí donde se encamine la sociedad, debemos preservar la esencia de la condición humana, pues es allí adonde nos dirigimos; y que necesariamente pasa por el consejo, la ayuda, y la inclusión.
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