Es la palabra de moda en el lenguaje político de estos meses. Doña María Moliner no da abasto en su diccionario de uso; se ha quedado señalando las múltiples referencias que ha traído en estos tiempos de pandemia política.
Todo son insultos, amenazas, groserías, faltas de respeto, voces altisonantes que aliñan esta ensalada ofrecida como plato principal en el Congreso, Senado, tertulias, prensa, radio y TV.
La DRAE trabaja día y noche para actualizar sus entradas apuntando sus correspondiente sinonimia: una relación semántica de identidad, igualdad o semejanza de significados entre determinadas expresiones o palabras.
La palabra fango adquiere una relevancia discursiva en la política: lodo, barro, cieno, porquería; "máquina de hacer fango" "enfangar" echar fango" "oler a Cieno".
Hay que aplaudir la perfecta comunicación que mantienen los mandamases de los partidos políticos para decirle a cada uno de sus miembros qué tienen que decir, cómo lo tienen que decir, cuándo lo tienen que callar, qué palabra es tabú.
Siempre hay versos sueltos como el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, que parece un dragón que escupe fango a diestro y siniestro cada vez que abre la boca. Los ofendidos no se quedan cortos y responden enloquecidos al diputado del "puto amo" o del "Milei que toma sustancias".
Me gusta la fruta, váyase a la mierda, corruptos, traidores, ladrones, traficantes de influencias, perro Sánchez, gobierno ilegítimo, travesti (a la señora del Presidente), ladrones, mafiosos, canalla, imbécil, negacionista, catastrofista, Nazi, vendepatria, ególatra, felón, feminaci, filibustero, hijo de puta, gentuza...
Y no sigo que me quedo más seco que una mojama.
¿Cuántos partes disciplinarios tendría que poner el instituto si los alumnos utilizáran esta retahíla de exabrupotos?
Menos mal que no se llega a las manos porque ya hemos visto escupitajos, cortes de mangas e impotencia manifiesta de la presidenta del congreso de los diputados, lugar en el que reside la soberanía del pueblo.
Que suene un tambor por cada insulto; esto va a parecer lo que sucede en Calanda pero a CAÑONAZO limpio: todos los años se reúnen más de 3.000 tambores en la plaza de Calanda, que tocan durante 26 horas ininterrumpidamente rozando el éxtasis.
Habrá que traer pólvora de China.
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