La ministra de Sanidad, Mónica García, ha pisado Ceuta 18 días después de que Marruecos desatara una operación de guerra híbrida contra España. Llega tarde, con un discurso que habla de “tensión asistencial” y niega el colapso, mientras los trabajadores y trabajadoras de la sanidad ceutí arrastran una presión extrema y la ciudad soporta unas condiciones que ya son insoportables.
Pero hay que dejarlo claro: Esto es una crisis humanitaria como consecuencia de la guerra híbrida. Y me explico: Las características de una operación de guerra híbrida son:
Por lo tanto, se trata de una guerra híbrida planificada y ejecutada por el Estado marroquí, que ha combinado medios migratorios, informativos, cibernéticos y de presión política por debajo del umbral del conflicto abierto, con el fin de debilitar a España sin darle un motivo para la guerra.
Los expertos lo dicen sin ambages: “Ceuta entrará en la historia de la guerra híbrida como la segunda operación más exitosa después de la anexión de Crimea por Rusia en 2014”. El excomisario europeo Thierry Breton denunció que detrás de la tragedia se escondía una “operación híbrida” por parte de Rabat. Fuentes de inteligencia, mandos militares y policiales españoles han calificado la secuencia de julio-agosto de 2026 como una operación de conflicto en “zona gris”: el uso de medios no militares (migración, desinformación en redes, maniobras cognitivas, presión económica) para alterar la conducta de un adversario sin cruzar el umbral de un conflicto armado declarado.
En Ceuta quedan alrededor de 10.000 personas migrantes, en su mayoría magrebíes, entre ellas unos 4.000 menores, en una ciudad de 84.000 habitantes y 19 kilómetros cuadrados. Chabolas en la playa del Trampolín, hacinamiento, falta de higiene y ausencia de espacios dignos de acogida. Pero no nos engañemos: estas condiciones no son un accidente, son el resultado de una estrategia deliberada de Marruecos para desestabilizar la convivencia social en Ceuta y forzar concesiones diplomáticas a España.
Mientras, el Gobierno marroquí queda impune. Ha provocado una crisis de enormes dimensiones, ha utilizado a las personas migrantes como arma de presión y ha convertido a Ceuta en rehén de un juego diplomático entre Rabat y Madrid. Cargas, gases lacrimógenos, detenciones y llamamientos en redes para nuevos cruces masivos. Y, sin embargo, ninguna crítica firme, ninguna consecuencia tangible. Al contrario: Marruecos sale envalentonado, amenazando con suspender la extradición y exigiendo el retorno de menores, mientras el ministro Albares promete devolver “hasta la última persona” en un escenario de tensión permanente.
El Ministerio de Sanidad insiste en que “no hay colapso”, que no se ha suspendido ninguna operación ni consulta. Pero esa narrativa choca con la realidad de unos profesionales exhaustos, una atención primaria desbordada y un hospital que ha tenido que ampliar camas y reforzar plantillas bajo una presión extraordinaria. Reconocer que el riesgo epidemiológico es “bajo” para la población ceutí no puede servir para relativizar las condiciones inhumanas en que se encuentra mucha de la población migrante. El refuerzo de 60 profesionales y la activación del CCAES (Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias) son medidas necesarias, pero insuficientes y tardías: llegan cuando el daño ya está hecho.
Desde CCOO de Ceuta decimos claro: Ceuta no es laboratorio. No aceptamos que la ciudad se convierta en zona de contención de una operación de guerra híbrida gestionada desde la improvisación, ni que los trabajadores sanitarios y la población ceutí paguen el coste de una política exterior y de fronteras que no ha sabido poner límites claros a las prácticas del Gobierno marroquí.
Exigimos al Gobierno de España que asuma la responsabilidad política de esta crisis: no basta con negar el colapso ni con anunciar refuerzos puntuales. Hace falta un plan de Estado que garantice condiciones dignas para las personas migrantes, proteja la sanidad pública y reparta la carga entre todo el territorio nacional. Exigimos también que el Gobierno español deje de tratar a Ceuta como un territorio de contención y asuma que la ciudad no puede seguir soportando en solitario las consecuencias de una política migratoria y exterior que se decide en Madrid y se negocia con Rabat.
Frente a la impunidad del Gobierno marroquí, reclamamos una posición firme del Ejecutivo español: no se puede tolerar que se utilice a las personas migrantes como arma de presión ni que se provoque crisis de guerra híbrida sin consecuencias políticas ni diplomáticas. Y frente al Ministerio de Sanidad, mantenemos que la valoración de la situación no puede basarse en la negación del colapso, sino en el reconocimiento del esfuerzo extremo de los trabajadores y trabajadoras, en la adopción de medidas estructurales y en la garantía de que Ceuta no volverá a ser abandonada a su suerte ante nuevas operaciones de guerra híbrida.
Ceuta ha dicho “basta”. La sanidad pública no es un campo de pruebas. Y los trabajadores y trabajadoras no vamos a seguir cargando con las consecuencias de una gestión que nos ha dejado solos.
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