Ceuta despide estos días a un referente en el panorama educativo local. El pasado fin de semana se conocía la noticia del fallecimiento de Manuel Méndez Espinosa, maestro y mítico director del colegio Valle Inclán durante cerca de tres décadas.
Aunque llevaba años retirado de la vida docente, su recuerdo permanece vivo entre las generaciones de alumnos que pasaron por sus clases. Murió en Benalmádena el 18 de junio, a pocos días de cumplir 84 años, tras una vida entregada por completo a la enseñanza.
Natural de Ceuta, Manuel Méndez llegó destinado a su ciudad natal en 1970, después de realizar sus prácticas docentes en El Puerto de Santa María. Fue en el colegio Valle Inclán donde desarrolló su carrera profesional.
Desde 1982-1983 hasta 2009, año de su jubilación, impartió asignaturas tan diversas como Ciencias Naturales, Matemáticas o Dibujo Técnico, con el entusiasmo y la disciplina que lo caracterizaban.
La docencia, según quienes le conocieron, fue “el alma de su vida”. Lo confirma su viuda, María del Rosario Renedo Rivera, también docente en el mismo centro: “Tuvo dos grandes pasiones: su familia y su trabajo en el colegio Valle Inclán”.
Quienes fueron sus alumnos o compañeros no tardaron en manifestar su pesar tras conocerse la noticia, compartiendo en redes sociales el recuerdo de un profesor que iba mucho más allá del temario.
A lo largo de casi tres décadas al frente del Valle Inclán, primero como maestro y luego como director, Manuel Méndez acompañó a cientos de niños en sus primeros pasos académicos. Su labor fue clave en una etapa educativa decisiva como la EGB, donde dejó una impronta marcada por la exigencia, la cercanía y la firme convicción de que enseñar era más que un oficio: era una forma de vida.
Su trabajo no se limitaba a enseñar contenidos, sino a formar personas con criterio, respeto y sentido del esfuerzo.
“Era íntegro y muy trabajador”, rememora su esposa. “Aunque por el colegio hayan pasado generaciones, cualquiera que lo conociera te dirá que era extraordinario, una bellísima persona; y eso se extendía a su trabajo”. Esa huella humana es la que más resuena entre quienes fueron sus alumnos: muchos lo recuerdan como un maestro que enseñaba con paciencia, pero también con firmeza, convencido de que cada clase era una oportunidad para sembrar valores.
Tras su jubilación, se trasladó a Mijas Costa (Málaga) junto a su mujer. Eligieron ese enclave malagueño como punto de encuentro familiar, ya que sus hijos —Gema María, Julio y Miguel Ángel— residen en distintos puntos de España y Europa, siendo el menor residente en Roma. Aunque alejado físicamente de Ceuta, su vínculo con la ciudad y con su comunidad educativa nunca se rompió del todo.
La figura de Manuel Méndez Espinosa representa a toda una época de docentes ceutíes. Fue un referente, de esos que construyen escuela con vocación, dedicación y un ejemplo que perdura. Su muerte ha dejado un vacío en quienes compartieron con él aulas, claustros o simplemente conversaciones, pero también ha abierto un espacio para el agradecimiento: por una vida entregada al servicio público y a la educación en un centro educativo que hoy reconoce su legado.
Mientras sus antiguos alumnos recuerdan anécdotas y lecciones de aquellos años escolares, queda la certeza de que su enseñanza fue más allá del currículum. A través de cada pizarra, cada cuaderno corregido y cada gesto de apoyo, Manuel Méndez Espinosa dejó sembrado un magisterio que el paso del tiempo no ha borrado.
Su legado permanece en la memoria colectiva de Ceuta, donde muchos aún evocan su figura con respeto, gratitud y admiración.
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