Ceuta ha perdido este lunes a una figura entrañable y profundamente comprometida con la memoria histórica. Alfonso González Ojeda, fallecido a los 95 años, hijo de Prudencio González Martín, escolta del alcalde republicano Antonio López Sánchez-Prado y fusilado junto a otros siete compañeros el 10 de enero de 1938.
Alfonso fue, durante décadas, el rostro firme y silencioso del recuerdo, el ejemplo de una lucha que nunca buscó venganza, sino justicia y dignidad.
Cada 14 de abril, sin faltar un solo año, Alfonso acudía al Cementerio Civil para depositar flores sobre la fosa común donde yacen su padre y tantos otros ceutíes víctimas de la represión franquista. Incluso cuando la edad y la salud ya no se lo ponían fácil, allí estaba él, como un acto de amor, de fidelidad y de memoria.
También cada 10 de enero, fecha del fusilamiento de los escoltas de Sánchez-Prado, Alfonso acudía fielmente a depositar flores a los pies de la estatua del alcalde republicano, junto a la placa conmemorativa que recuerda a los caídos.
El funeral se celebrará este martes 22 de julio a las 10:00 horas en el Cementerio, donde sus restos serán incinerados.
Alfonso González Ojeda se va, pero su ejemplo permanece. Ceuta despide a un hombre bueno, a un hijo fiel, a una conciencia viva de nuestra historia. Quienes lo conocieron, lo acompañaron o simplemente lo vieron año tras año en silencio frente a una tumba, saben que su ausencia dejará un hueco difícil de llenar.
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