La presencia de extranjeros en la Legión Española ha evolucionado significativamente desde su fundación en 1920. Aunque nació como una fuerza inspirada en la Legión Extranjera francesa para acoger a soldados de cualquier nacionalidad, hoy en día es una unidad del Ejército de Tierra español con normas de acceso muy específicas para ciudadanos no españoles.
La Ley de Bases de Reorganización del Ejército de 1918 bajo el mandato del Vizconde de Eza (Luis de Marichalar y Monreal) como Ministro de la Guerra aplicaba a la nueva unidad de creación los efectivos necesarios para cada empleo. Su propósito principal era pragmático, ahorrar sangre española, buscándose voluntarios profesionales, evitando así enviar a los “quintos” (españoles reclutados a la fuerza), cuyas muertes provocaban un enorme malestar social en España. El lema, “Cada hombre de estos evita a tu hijo, o a tu hermano, o a ti mismo, el enorme sacrificio de hacer la guerra”, resumía por qué la sociedad española aceptaba a estos hombres, a menudo marginados o fugitivos, en sus filas.
El “Tercio de Extranjeros” fue fundado mediante un Real Decreto el 28 de enero de 1920 firmado por S.M. el Rey Alfonso XIII siendo Ministro de la Guerra el Vizconde de Eza, a la vez que se creaba la 1ª Bandera “Borgoña” al mando del Comandante Francisco Franco Bahamonde.
Fue creada por José Millán-Astray como “Tercio de Extranjeros”. Su objetivo era que soldados profesionales (muchos veteranos de la I Guerra Mundial) combatieran en la Guerra del Rif., su proyecto se cimentó sobre los estudios que realizó sobre la Legión Extranjera Francesa y sobre su propia experiencia en su viaje a Argelia visitando las guarniciones en Tremecen y Sidi- Bel-Abbes, diseñando una unidad a la que supo dotarla de un espíritu que la diferenciaba de cualquier otra, cuya base se asentaba en el Credo Legionario tomando de referencia el código de honor japonés Bushido.

La evolución del nombre refleja cómo la unidad se fue “españolizando" oficialmente, 1920-1925: Tercio de Extranjeros, 1925: Tercio de Marruecos, 1925-1937: El Tercio y desde 1937-Actualidad: La Legión, reflejando su carácter cada vez más nacional, aunque manteniendo siempre su mística y tradiciones originales. Para entender qué significaban los extranjeros en el Tercio de Extranjeros, hay que distinguir entre el ideal romántico de su fundación y la realidad histórica de sus primeros años. Aunque nació con el objetivo de ser una fuerza internacional al estilo francés, la realidad es que siempre fue una unidad mayoritariamente española.
En sus inicios, acogió a hombres de todas las nacionalidades (alemanes, italianos, rusos, franceses, etc.) bajo un código de honor estricto (el Credo Legionario) que buscaba “borrar el pasado” del alistado. Millán-Astray quería soldados “de oficio” que no tuvieran vínculos familiares o políticos en la península, lo que los hacía más aptos para misiones de choque extremo.
A pesar de su nombre, el Tercio nunca llegó a ser mayoritariamente extranjero. Las estadísticas de la época muestran datos reveladores. En sus primeros diez años (1920-1930), el porcentaje de extranjeros osciló entre el 16% y el 20%. El 80% restante eran voluntarios españoles (muchos de ellos catalanes, que fueron de los primeros en alistarse en masa). Sus orígenes, a pesar de ser pocos en porcentaje, eran muy variados. Se registraron legionarios de hasta 47 nacionalidades diferentes, incluyendo cubanos, alemanes, rusos, franceses, italianos, e incluso algunos pocos japoneses y estadounidenses. Se intentó reclutar voluntarios en Nueva York y Nueva Orleans en 1921, pero la mala organización y las duras condiciones en Marruecos hicieron que muchos desertaran o fueran repatriados, lo que supuso un fracaso diplomático y publicitario. Como ejemplo de extranjeros que destacaron por su paso legionario, podemos citar a los Comandantes legionarios Carlos (Karl) Tiede Zeden, y Luis María Crespo de Guzmán, alistado con el nombre de Carlos Angulo Rebolledo, entre otros.
Al igual que en la Legión francesa, el Tercio de Extranjeros ofrecía algo muy valioso para los extranjeros (y españoles) con pasados turbulentos, el “Derecho al Olvido” y la “Redención”. Podían alistarse bajo un nombre supuesto. Lo que importaba no era el pasado, sino su comportamiento a partir del momento en que se convertía en “Caballero Legionario”. No se preguntaba de dónde venía el hombre ni qué había hecho.
El Credo es el alma de la Legión. No se considera solo un texto para ser recitado, sino un estilo de vida que exige abnegación, valor temerario y una fraternidad que llega hasta el sacrificio final. Al alistarse, "lavaba sus culpas" mediante el sacrificio, quedando reflejado en 12 espíritus (o normas fundamentales) que resumen la filosofía de esta unidad. Más que un simple reglamento militar, es la base espiritual y moral del legionario. Su objetivo original era forjar una unidad de élite con una identidad propia muy fuerte, capaz de resistir las condiciones más extremas y de combatir con una ferocidad y lealtad inquebrantables: El Espíritu del Legionario: Establece que el legionario es único y no tiene igual.
Su deber es acudir siempre al lugar de mayor peligro y fatiga, sin quejarse; El Espíritu de Compañerismo: Es la base de la unidad. El compromiso de ayudar al compañero, incluso a riesgo de la propia vida, por encima de todo; El Espíritu de Amistad: Juramento de fidelidad entre los legionarios, considerándose hermanos de armas; El Espíritu de Unión y Socorro: "A la voz de '¡A mí la Legión!', sea donde sea, acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio". Prioriza la lealtad grupal ante todo; El Espíritu de Marcha: El legionario nunca dice que está cansado hasta que cae reventado.
Desde su nacimiento como fuerza abierta a aventureros de todo el mundo hasta su consolidación como una unidad de élite del Ejército español, la Legión ha experimentado una profunda transformación. La participación de extranjeros, lejos de desaparecer, ha evolucionado con el tiempo, adaptándose a los cambios legales, sociales y militares, pero conservando siempre el espíritu que dio origen a este singular cuerpo.
La resistencia física es un honor; El Espíritu de Sufrimiento y Dureza: No quejarse de la fatiga, ni del dolor, ni del hambre, ni del sueño. Hacer cualquier trabajo, por duro que sea; El Espíritu de Acudimiento al Fuego: La obligación de ir siempre hacia donde se oyen los disparos, sin esperar órdenes, para ayudar a los compañeros; El Espíritu de Disciplina: Cumplir el deber sin vacilar, aceptando las órdenes de los superiores con obediencia absoluta; El Espíritu de Combate: El legionario no retrocede jamás. Su misión es luchar hasta vencer o morir; El Espíritu de la Muerte: Es el más místico. Considera que morir en combate es el mayor honor. De aquí surge el apodo de los legionarios como los "Novios de la Muerte".
La muerte no es algo que se teme, sino algo que se acepta como parte del sacrificio por España; La Bandera de la Legión: Es el símbolo sagrado que une a todos. Su defensa es prioritaria y se jura morir por ella; La Bandera de España: La lealtad máxima a la nación, por encima de la propia Legión, estando teñida con la sangre de sus legionarios.
El Credo Legionario tiene un significado profundo y actual, que siguen vigentes en la cultura de la unidad. Al ser la Legión históricamente una unidad que acogía a personas de distintos orígenes (a veces con pasados difíciles), el Credo actuaba como un "borrón y cuenta nueva". El pasado no importaba; lo único que importaba era ser un buen legionario. A diferencia de otros cuerpos militares, la Legión abraza la posibilidad de la muerte de forma casi religiosa. Esto elimina el miedo en el combate y genera una agresividad táctica muy alta. El Credo diferencia al legionario del resto de soldados. Le da un sentido de pertenencia a una "casta" guerrera con sus propios ritos y lenguaje.

Tras la Guerra Civil (1936-1939), el componente extranjero disminuyó drásticamente. La unidad pasó a ser el cuerpo de élite del Ejército de Tierra por excelencia, nutrido casi exclusivamente por españoles.
Hoy en día, como vimos anteriormente, solo se permite la entrada a extranjeros de países hispanohablantes o Guinea Ecuatorial, manteniendo el espíritu de unidad de choque, pero bajo un marco legal mucho más estricto que aquel "Tercio" de aventureros de 1920.
A diferencia de sus orígenes, ya no cualquier extranjero puede unirse. Actualmente, solo pueden optar a plazas de Tropa y Marinería (donde se encuadra la Legión) los nacionales de los siguientes países (principalmente hispanoamericanos y Guinea Ecuatorial): Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba (actualmente con restricciones según convocatoria), Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú (requiere autorización de su país), República Dominicana, Uruguay y Venezuela y Guinea Ecuatorial.
Para que un extranjero de las nacionalidades mencionadas pueda entrar en la Legión, se requieren unos requisitos como tener en vigor la tarjeta de residencia (temporal o de larga duración) en España, tener entre 18 y 29 años el día de la incorporación al Centro de Formación, carecer de antecedentes penales en España y en su país de origen, medir entre 1,55 m y 2,03 m, tener el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) o equivalente (homologado si se obtuvo en el extranjero) y no están permitidos tatuajes que contengan expresiones o imágenes contrarias a los valores constitucionales, autoridades o virtudes militares, ni aquellos que sean visibles vistiendo las diferentes modalidades de los uniformes. La ley española establece un límite máximo de extranjeros en las Fuerzas Armadas. Aunque el límite legal ha llegado a ser del 9% del total de la Tropa y Marinería, en la práctica el porcentaje suele oscilar entre el 1% y el 2% en el conjunto del Ejército.
La Legión es históricamente una de las unidades con mayor demanda y presencia de personal extranjero junto a la Brigada Paracaidista (BRIPAC). Servir en la Legión facilita el acceso a la nacionalidad española. Los ciudadanos iberoamericanos pueden solicitarla tras 2 años de residencia legal en España. El tiempo de servicio militar computa como residencia, y el Ministerio de Defensa suele agilizar los trámites para aquellos que demuestren buena conducta y compromiso. En resumen, hoy la Legión es una unidad de élite profesional donde el componente extranjero es valorado.






