Abdelatif vivía en la península y fue deportado cuando intentaba regularizar su situación.
Abdelatif llegó a la península en 1999. “En una patera”, reconoce. En 2001, sin papeles con los que regularizar su situación en España, fue expulsado. “Pero volví a entrar a los 15 días”, asegura.
Entonces inició un proceso para legalizar su residencia en nuestro país. Trabajaba en la provincia de Madrid de jardinero en una finca que tenía un restaurante. No tenía contrato.
En 2014, decidió poner fin a esta situación y denunció a su empleador. Pero dar este paso significó el comienzo de la peor de sus pesadillas.
“Mi jefe es policía nacional”, asegura Abdelatif. “Tiene contactos y se inventó una denuncia falsa contra mí”. Tras ello, cuenta que acabó en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche (Madrid), para finalizar expulsado de España.
Abdelatif afirma que fue devuelto a Marruecos “sin pasaporte”, por lo que tuvo que afrontar un largo proceso, en el que gastó “mucho dinero”, indica, con el fin de obtener uno nuevo.
Para conseguir ese dinero, cuenta que tuvo que trabajar para “traficantes de droga” que ahora le están “amenazando de muerte”. Ése es el motivo que aduce para solicitar asilo en España, una situación cuando menos sorprendente al haber pasado tantos años viviendo en la península.
Entrada en Melilla
Después de lograr un nuevo pasaporte marroquí, Abdelatif pudo entrar en Melilla. Una vez en la ciudad, acudió a los juzgados para presentar una denuncia contra su empleador en Madrid. El trámite fue efectuado en el Juzgado de Instrucción número 4 “el 23 de febrero de 2015”, señala.
Desde esa fecha hasta ahora, asevera que ha sido expulsado de Melilla “varias veces”, al no disponer de medios con los que regularizar su situación aquí.
Sostiene que intentó acceder en varias ocasiones a la oficina de asilo en todo este tiempo. Lo logró el pasado 30 de diciembre. Al día siguiente, entraba en el CETI.
“El 5 de enero me dijeron que desde Madrid me habían denegado el asilo. Y yo me pregunto por qué, si todavía tengo que contar en la oficina las razones por las que solicito el asilo”. Abdelatif cree que su antiguo empleador está moviendo hilos para que no pueda quedarse en España.
Ahora, este hombre vive al raso junto a los demás expulsados del CETI. Tras tanto tiempo sin ver a su pareja, teme “perderla” y tiene pánico a regresar a Marruecos. “Mi hermano me ha dicho que esos traficantes me están buscando. Si vuelvo, no quiero ni pensar en lo que me espera allí”.






