Hace algunos días presté oídos a una afirmación (ahora no recuerdo dónde, aunque seguramente sería en la radio) con la que no podría estar más de acuerdo. Alguien, un lector, aseguraba que para él los libros son como las personas, porque tienen vida propia y nos abren las puertas de su experiencia, de su mundo, y añadía que gracias a ellos aprendemos cosas, principalmente, sobre nosotros mismos.
Siendo así, en este sentido, leer un libro es conocer a alguien; no al autor, por supuesto, sino a los personajes y a la historia que estos nos proponen. Y como las personas, los hay que merecen mucho la pena conocer, que te dejan un poso valioso y grato; hay unos pocos que se convierten en fieles amigos con los que te encuentras más de una vez, y otros, por el contrario, que te decepcionan y prefieres no volver a verlos. Sea como fuere, asomarse a un libro siempre es un hecho emocionante y prodigioso, y si además, al sumergirnos en sus páginas descubrimos que se trata de una obra absolutamente excepcional, entonces la satisfacción que sentimos es inmensa. Es ahí donde de nuevo se despliega el valor inestimable que ofrece formar parte de un Club de Lectura, pues hace que caigan en nuestras manos obras que de otro modo, ni por los más sinuosos mecanismos del azar, podríamos leer de motu propio. Y eso es lo que nos ha ocurrido, en esta ocasión, a la mayoría de los miembros del Club de Lectura de la Biblioteca Pública del Estado ‘Adolfo Suarez’ , con el libro propuesto para este mes. Expiación (Ed. Anagrama),del escritor británico Ian McEwan, es considerada por muchos la mejor de sus obras, lo que como premisa no resulta vano, ya que McEwan ha sido calificado como uno de los miembros más notables de la talentosa generación Young British Novelists, habiendo alcanzado, asimismo, diversos premios por algunas de sus obras, siendo el más reseñable el premio Booker que obtuvo en 1998 por su novela Amsterdam. Expiación es en efecto una novela intensa y poliédrica en la que el autor despliega su inmenso talento narrativo. En sus más de 400 páginas, podemos encontrar inconfundibles trazos de thriller psicológico, el talante de Jane Austen o Virginia Woolf, e incluso cualidades de la mejor novela bélica del siglo pasado, muy al estilo de Hemingway. McEwan, para ello, fragmenta la novela en cuatro partes, marcadamente diferenciadas entres sí en cuanto al tono y al estilo. En la primera parte nos presenta a los personajes principales; la familia Tallis, que pasa el caluroso verano de 1935 en su casa de la campiña inglesa. Encontramos a Emily, la madre e infeliz esposa de un matrimonio sin amor, que se ha encerrado en su habitación aquejada de una fuerte migraña ( merece la pena leer la acertada y excepcional descripción de la migraña que hace el autor… ), mientras su marido, el siempre ausente Jack Tallis, un alto funcionario desvinculado de su familia, está en Londres. Briony, la hija pequeña, narradora-protagonista de esta historia y poseedora de una delirante imaginación, ha escrito una obra de teatro para dar la bienvenida a su hermano mayor, León, que vuelve a casa junto con un amigo tras su periplo universitario. La hija mayor, Cecilia, también regresa de Cambridge, donde no ha obtenido las altas notas que esperaba. Quien sí lo ha hecho ha sido Robbie, el hijo de la sirvienta y protegido de la familia, que le paga los estudios. En ese bucólico escenario de aparente y vacua serenidad parecen transcurrir los días, hasta que la imaginativa Briony ve a Cecilia salir empapada de la fuente vestida únicamente con su ropa interior y ante la atónita mirada de Robbie, lo que hará que la inventiva de Briony se desborde de tal modo que la niña terminará asumiendo como ciertas una serie de conclusiones erróneas. Conclusiones que unidas a los hechos que acontecerán esa noche durante una cena de familia harán que la vida de todos cambie radicalmente. En la segunda parte, y desde el punto de vista de Robbie, el autor nos lleva a la Segunda Guerra Mundial, concretamente a la caótica retirada de las tropas inglesas en Dunkerque en 1940, cambiando por completo el estilo y el ritmo de la narración, que se colma de episodios bélicos, cruda y minuciosamente descritos, con un lenguaje directo y en ocasiones hasta sencillo. En la tercera parte, McEwan nos conduce de vuelta a Londres, también durante la guerra, para que conozcamos, a través de los ojos de Briony, lo que le ha acontecido a aquella niña que conocimos el verano de 1935 y que ya es una joven que estudia enfermería y cuya mayor ambición es ser escritora. Por último, en la cuarta parte, el autor da otro giro a la historia para esta vez, con Briony narrando en primera persona desde su senectud en el Londres de 1999, ofrecer al lector el desenlace. Expiación resulta pues, una excelente obra literaria, principalmente porque consigue aunar, de modo magistral, una gran historia, sazonada con un amor apasionado y precozmente frustrado, que atrapa al lector (eso sí, a partir de la primera parte, que puede resultar para algunos un poco tediosa) y nos mantiene expectantes, con una muy depurada y estudiada técnica literaria, en la que se apoya el autor para no desvelar nunca la realidad al completo, sino que a través de ese narrador aparentemente omnisciente que nos lleva a percibir siempre una verdad sesgada y parcial, viéndose obligado el lector al constante ejercicio de suponer, deducir y leer entre líneas. McEwan consigue, con su prosa exquisita y elegante, cambiar hábilmente la perspectiva narrativa, saltando de un personaje a otro, con lo que logra ofrecernos distintas y diversas miradas de un mismo hecho y favorece al mismo tiempo que el lector pueda apreciar el magnifico andamiaje psicológico con que el autor diseña los personajes. Es al mismo tiempo una novela muy densa y profunda, ya que abarca aspectos tan propios de la naturaleza humana y tan universales como los arrebatos pasionales, la traición, la mentira, la incomunicación, la culpabilidad, el horror de la guerra, e incluso nos lleva a reflexionar sobre otros temas tales como lo arraigados que están los prejuicios de clase o sobre esa falsa seguridad que creemos tener cuando aseveramos las cosas, o el daño que una maledicencia puede provocar en la vida de las personas, y todo ello sin renunciar a también esté presente la ternura, la compasión por el que sufre y el exasperante clamor de la conciencia cuando se yerra. Aprovechando las cavilaciones de Briony, el autor también nos ofrece su atenta mirada sobre la creación literaria y su proceso. Con toda esa argamasa, en definitiva, McEwan convierte una buena historia (aunque algo folletinesca) en una excelente obra literaria, que ofrece muchas lecturas paralelas al que desee asomarse a ella, excepcionalmente escrita y cuyos personajes ha merecido mucho la pena conocer. P.D. : Para aquellos que les interese, una muy buena versión cinematográfica de la novela fue estrenada en 2007, titulada en castellano Expiación: más allá de la pasión, dirigida por Joe Wright e interpretada por Keira Knightley y James McAvoy.





