Mucho se está hablando en los últimos años de la cesión de suelo por parte del Ministerio de Defensa al Gobierno de Ceuta. Son 100.000 metros cuadrados de terrenos que permitirán que se pueda hablar de un antes y un después en la ciudad. Los calificativos que se están utilizando para adjetivar esta operación urbanística son variados, pero entre ellos destacan los que tildan de histórico este traspaso.
La realidad es que esa concesión todavía no se ha materializado y a día de hoy quedan flecos sueltos. Lo reconoció ayer en el Pleno el propio Gobierno local, que sí ha avanzado que para diciembre de 2026 el ministerio debe haber completado el desalojo de los inmuebles que todavía tiene en uso.
Antes queda firmar el protocolo entre la titular de Defensa, Margarita Robles, y el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas. Solo resta un trámite para ello, pero para evitar especulaciones y rumorologías, bien harían las dos partes en rubricar el documento lo antes posible.
Es lógico que los partidos quieran sacar rédito político de una operación de esta magnitud, ya sea como autoalabanza por la gestión realizada o por las críticas que se profieren al adversario ante las demoras o errores que pudieran producirse. Pero lo verdaderamente importante de esta concesión es la expansión urbanística que se va producir en Ceuta en apenas unos años.
Por un lado, está la posibilidad de construir vivienda, una necesidad que nadie discute en un territorio reducido. De otro están los espacios dotacionales para infraestructuras educativas, de salud, deportivas o administrativas, entre otras. A ello hay que sumar viales de conexión que deben ayudar mejorar la movilidad en toda la ciudad.
El urbanismo marca el presente y el futuro de los cascos urbanos y Ceuta debe aprovechar esta oportunidad que se le abre con los terrenos de Defensa para planificar un ciudad moderna, accesible y cómoda para vivir.






