Europa despierta y se preocupa de los menores. Literalmente le pide a España que resuelva la situación existente que, reconoce, es difícil. También resalta que es importante reforzar componentes como, por ejemplo, la recepción y gestión de esos menores.
Lo dice Europa a través del comisario europeo de Interior y Migraciones, Magnus Brunner. La misma Europa que durante meses y meses ha estado callada ante los momentos más críticos de entradas por la frontera, protagonizados en su mayoría por niños.
Los silencios son, en muchas ocasiones, más graves que las palabras. Quien calla refleja la falta de implicación para resolver problemas que son de su competencia o, peor aún, el desprecio en forma de pasividad hacia los asuntos surgidos en torno a lo que es la frontera sur de Europa.
Durante estos meses en los que el Gobierno de la Ciudad estuvo llamando a todas las puertas para buscar ayuda, mientras el PP a nivel nacional se miraba el ombligo siendo incapaz de auxiliar a la tierra en la que después pide votos, Europa no dijo nada. Ceuta no registró la visita de ningún responsable, tampoco se implicó con la situación de desesperación absoluta vivida por quienes buscaban cruzar a nado y las propias fuerzas de seguridad, marcadas por la falta de recursos.
Que Europa diga ahora que hay que buscar soluciones parece más un chiste que un consejo. Que diga que se implica causa sonrojo, más si cabe cuando Ceuta ha tenido que buscar hasta naves industriales para acoger a niños. Solo por eso debería haberse producido una intervención urgente, al nivel esperado y no este consejo/recomendación para un país que se merece mucho más.






