La visita del presidente de la Ciudad, Juan Vivas, al Parlamento Europeo ha servido para algo más que poner voz en Bruselas a la difícil situación que atraviesa Ceuta. Ha permitido comprobar que hay instituciones dispuestas a escuchar y una Europa que empieza a entender que lo sucedido en nuestra ciudad no puede contemplarse como un problema exclusivamente español.
Vivas ha acudido a Bruselas para explicar las consecuencias de la entrada masiva de finales de julio y reclamar apoyo para que Ceuta pueda recuperar la normalidad. Y lo relevante es que se ha encontrado con una buena disposición por parte de los responsables europeos.
La presidenta del Eurocámara, Roberta Metsola, y los comisarios Magnus Brunner y Dubravka Šuica han recibido al presidente ceutí, que ha asegurado salir de estos encuentros con la constatación de que“la Unión Europea está con Ceuta”, tal y como expresó Vivas a la finalización de las distintas reuniones que mantuvo.
No es una cuestión menor. Cuando una ciudad de apenas 83.000 habitantes soporta de repente una presión extraordinaria sobre sus servicios, sus calles, sus centros de menores y sus recursos asistenciales, Europa no puede limitarse a observar. Ceuta es frontera de España, pero también frontera exterior de la Unión.
Y así lo ha expresado Brunner al señalar que la frontera ceutí es una frontera común de la UE, cuya seguridad requiere la colaboración de todos los niveles. Ahora hay que convertir esa buena disposición en hechos. En recursos, en mecanismos de respuesta, en presencia europea y en una política migratoria capaz de afrontar situaciones excepcionales sin dejar a Ceuta sola.
Vivas ha planteado la necesidad de una mayor participación de Frontex y de la Agencia Europea de Asilo, así como de un marco específico que tenga en cuenta las singularidades de Ceuta y Melilla.
También debe avanzar la idea de una resolución del Parlamento Europeo que deje claro que Ceuta y Melilla son fronteras de España y de Europa y que esas fronteras deben ser respetadas. Ceuta no pide compasión.
Ceuta ha demostrado durante esta crisis que puede resistir. Pero resistir no puede convertirse en la única respuesta. Europa debe escuchar, comprometerse y actuar. Porque cuando una frontera europea está bajo presión, no solo está en juego Ceuta: también está en juego Europa.
Ceuta pide respaldo y pide respeto. Y Bruselas parece haber entendido finalmente que ayudar a Ceuta no es hacer un favor a una ciudad española: es defender una frontera europea. Ahora toca demostrarlo con hechos.
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