Ha pasado una semana del mítico encuentro entre Rajoy y Vivas y, de forma separada, entre el citado mandamás y el presidente melillense, Juan José Imbroda. Como para no acordarse, sobre todo de las reiteradas alusiones a la españolidad y a la defensa que desde Madrid se hace de todo aquello que nos puede afectar a los ciudadanos de uno y otro lado. Tiempo suficiente para que ese ‘respaldo’ que, aseguran, se da, quede materializado en hechos concretos y no se tengan que seguir soportando episodios lamentables como el que, ahora, le toca sufrir a Melilla. No olviden que mañana podemos ser nosotros. Les hablo de las presiones ejercidas por el llamado Comité por la Liberación de ambas ciudades y de los continuos apedreamientos que se están llevando a cabo contra las fuerzas de seguridad españolas. El pasado miércoles fueron 15 minutos continuados de lanzamiento de piedras, botellas y todo lo que pillaban contra las fuerzas de seguridad españolas.
Ese constante ataque permitido desde el otro lado está provocando que, de entrada, los policías nacionales allí destinados se vean sometidos a unos agravios y a un acoso que no hacen sino reflejar la flaqueza de este país con todo lo que salpica a Marruecos. El presidente Rajoy no sale más allá de su discurso de la colaboración, ése que enseña a los delegados del Gobierno para que lo repitan cual loritos. ¿Pero cómo cuadra ese mensaje con la defensa de estos dos territorios españoles, cómo casa con la defensa a ultranza de la españolidad que traslada a Vivas e Imbroda?
A mí las cuentas no me salen, ni me cuadra ese discurso políticamente correcto que debemos asimilar a la fuerza cuando luego se suceden este tipo de hechos en los que Ceuta y Melilla, Melila y Ceuta, se ven continuamente acosadas y suspendidas en una línea de flaqueza que el propio Gobierno de la Nación nunca permitiría en otros territorios fronterizos. Nunca.





