Categorías: Opinión

Estadísticas y sensaciones

Las estadísticas constituyen una de las mejores armas para, con un titular preñado de porcentajes y generalizaciones, dar por hecho una visión que puede que no case con la realidad. Esto sucede mucho en el ámbito delincuencial. A ministerios y delegaciones del Gobierno les encanta eso de mandar notas en las que usan a su conveniencia las estadísticas, hacen sus interpretaciones y divulgan sensaciones con la pretensión de que la

ciudadanía retome el testigo y las asuma como verdaderas. Fíjense que varios de los últimos delegados han echado mano de la inseguridad subjetiva cuando han tenido que defenderse del descontrol que tenían entre manos. Igual les pasaba a los anteriores jefes superiores. Si en la actualidad pensábamos que esto iba a cambiar, nos equivocábamos del tirón: ahora no solo se echa mano de estadísticas sino que se hace una exhibición obscena de la seguridad alcanzada.
El ciudadano, que no es tonto aunque se nos trate como tal, se lleva a su casa la impresión real de cuál es esa seguridad. La cúpula político-policial puede repetir hasta la extenuación sus mensajes, que no por ello va a cambiar lo que hay. ¿Cómo se responde a esa estadística de cientos de coches quemados en un año? Que una sociedad asuma como normal la cultura del fuego es tan grave que, solo por eso, debería servir para terminar con los mensajes triunfalistas. Difundir estadísticas centradas exclusivamente en el Príncipe para vendernos un control/éxito sobre la barriada porque haya habido en cuatro meses más de 1.600 identificaciones no es más que repetir la misma patochada que se llevó de recuerdo a su casa el anterior delegado del Gobierno. Lo mismo.  
Ceuta parece haberse quedado dormida en un círculo vicioso dominado por los ciclos. Nada cambia, todo se repite y somos incapaces de salir de esa ratonera. Se cometen los mismos errores, se dibujan similares fantasmas, se venden como inventos lo que ya fracasó... y continuamos atrapados en la misma rueda, girando sobre la frontera, sobre la sanidad, sobre la educación, sobre la seguridad, sobre nuestro futuro, sobre el comercio... así hasta marearnos. Y una ya no sabe si hoy es 10 de septiembre de 2014 o hemos vuelto 14 años atrás, debatiendo sobre los mismos asuntos, disfrazando nuestros fracasos. Los mandamases nos pueden vender más titulares, quizá llegue un momento en que nos los creamos.

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