“Está por estudiar una parte de nuestra historia, tanto pública como privada”. Estas palabras son del notario Antonio Fernández Naveiro.
El notario recordó que para su conferencia se ha servido de estudios de Galicia, Sevilla, Córdoba, Aragón y Madrid, pero no de Ceuta debido a que “no sabemos nada”. Naveiro dijo que “si podemos recuperar, a nivel notarial, los cien últimos años, hay que recuperar el archivo histórico, y daría contenido a nuestra biblioteca”.
Para el notario, si se estudian los protocolos notariales “sabríamos el escenario material de la vida urbana, es decir, aspectos relacionados con el urbanismo, el crecimiento y la construcción de la ciudad, la distribución por barrios, los servicios urbanos, la ubicación de los mercados y su abastecimiento; el Tratado de Wad Rass; las estructuras demográficas y el crecimiento urbano; la función de la ciudad y la vida económica urbana; los grupos socioprofesionales y los bienes; las relaciones entre los grupos sociales y la elección de consorte; y las estructuras mentales, la cultura y los comportamientos colectivos.
Haciendo referencia a la historia, recordó que, según las partidas, escribano era “sabidor de escribir”. “Los escribanos comenzaron siendo en el Derecho Romano unos empleados domésticos, con el carácter de secretarios, que auxiliaban a sus amos en el despacho de sus negocios o trabajos. Y luego su generalizado reconocimiento social desembocó en la admisión como medio de prueba de los documentos redactados por ellos”, afirmó.
Después de la Ley de 1862, que unificó las diferentes clases de escribanos, el ejercicio de la fe pública queda básicamente en manos de los notarios, “que daban fe de los contratos y demás actos extrajudiciales, y de los secretarios judiciales, que autorizaban las actuaciones”, manifestó.
Naveiro indicó, además, que la reforma del Código Civil de 1981, cuando estaba opositando, marcó un hito histórico debido a que hasta esa fecha la regulación del matrimonio y de las relaciones paterno filiales era la del Código Civil de 1889.
El ponente habló también de las actas notariales y los poderes, actividades empresariales, contratos varios (incluso relacionados con la esclavitud), contratos relacionados con el mar como la patente de corso, y el ritual de la muerte.
En cuanto a las patentes de corso explicó que “a diferencia de la piratería, nacía de un contrato suscrito entre el particular y el Estado, en virtud del cual, aquél gozaba de autorización para perseguir y apresar navíos mercantes de países enemigos y obtener como compensación una parte del valor de las presas obtenidas. Entre los testamentos, citó el de Camilo José Cela.
¿Qué son los protocolos?
Naveiro dijo en su conferencia que la Ley del Notariado define el protocolo como “la colección ordenada de las escrituras matrices autorizadas durante un año, y se formalizará en uno o más tomos encuadernados y foliados”. El notario dijo que su conservación obedece tanto a razones de interés público como privado. “La riqueza de los protocolos notariales como fuente de documentación es enorme, pues su contenido refleja la realidad económica, social y hasta cultural de la sociedad en un lugar y época concretos. Preservar la memoria del pasado equivale a una fuente de legitimidad política y una vía para conocer la imagen pretérita de las sociedades”, afirmó.