El chantaje de Marruecos a España, usando como particulares escudos a sus propios niños, ha sacado de sus cuevas a aquellos que se creen dueños no solo de los símbolos de todos los españoles sino también de una defensa ‘a su manera’ de la españolidad. Una defensa belicosa, tan radical que sirve precisamente para todo lo contrario, para escenificar discursos de payasos subidos de tono que arden en deseos de generar una guerra. Y a Ceuta, precisamente, no se le defiende así. No se le defiende sacando barricadas, cuestionando a una parte de la población porque no te guste su religión o sacando del cajón del olvido la Marcha Verde. Tampoco se le defiende esperando como cobardes que llegue un ministro y un presidente del Gobierno de todos los españoles para mentar a sus madres o desempolvar insultos propios de quienes se creen los machitos del campo. Así no. Así ni se defiende Ceuta, ni se ayuda a salir de una situación extrema en la que se han dado la mano muchas circunstancias: desde el chantaje cobarde de Mohamed VI, engañando a los niños y haciendo difundir por televisión que se habían abierto las fronteras, hasta el abandono de una Europa que tiene como fronteras unas trincheras pasando por la asignatura pendiente que tiene esta ciudad desde hace muchísimos años al haber sido incapaz de disponer de un albergue social en condiciones.
Y es que en esta ciudad somos así, nos gastamos los fondos europeos en tonterías, pero somos incapaces de disponer de infraestructuras mínimas para garantizar acogidas asumibles de menores pero previendo que siendo la frontera sur de Europa puede pasar esto y mucho más. Desde el confinamiento ya se puso en evidencia que no se habían hecho las tareas en materia de recursos sociales y hemos sido tan listos que lo único que se nos ha ocurrido es alquilar unas naves, aunque nunca nos digan por cuánto dinero. Mientras, tenemos una vieja cárcel abandonada y cuarteles que se caen a pedazos. Pero no pasa nada, a Ceuta parece que se le defiende a cañonazos. Ya ven.







Lo de la marcha Verde no se puede olvidar. Allí fue una muchedumbre de ancianos y harapientos,
Y aquí ha sido una masa de niños ,
De jóvenes y de adultos. El hijo aprendió la lección del padre y ya se sabe lo que ha pasado.No olvidemos la historia.