Escribo esto tras muchos años de batalla, después de mucho tiempo de esfuerzo y espera frustrados, en un continuo caer y levantarme, en un intento de no desesperar, igual que otros miles de españoles. Pese a este esfuerzo por no caer en la desesperación, sigo viendo las mismas injusticias que te dejan sin habla.
España, tras años de deshumanización sistemática y de ataques hacia toda lógica y moral, está degenerada hasta sus cimientos. Sus instituciones se han convertido en una especie de mafia familiar en las que, o eres parte de la “familia”, o te condenan al ostracismo laboral. Nuestro país se está convirtiendo en un país de abusos, en los que ves que, tras prepararte y formarte para conseguir un trabajo digno, se te adelantan personas, no por su preparación y eficacia, sino por “ser vos quien sois” (hijo de…, primo de…,afiliado a…). Y lo peor de todo es que la “Ley”- cada vez más ciega- permite que se hagan esos teje-manejes a cambio de vender su silencio.
Es triste ver cómo algunos de los que se auto-proclaman “defensores del trabajador” son los encargados de romper los sueños y frustrar la vida e ilusiones de los trabajadores (los de verdad, no los enchufados).
Se está creando una España llena de rencor y desesperación, donde unos pocos viven y la mayoría sobreviven; una España caciquista donde los amigachos y familiares de los que sustentan el poder pueden acceder a puestos creados y blindados para ellos, mientras que el resto de los españolitos ve cómo sus esfuerzos no sirven para nada.
Se veta el derecho al trabajo, a una vivienda y a una familia, tres conceptos fundamentales que la Constitución nos da como Derechos. España ha estado y está en manos de la opresión, del poder de unos pocos. Parece mentira que en la España del siglo XXI “el sueño de la razón siga produciendo monstruos”.





