A través de una sugestiva historia contada a través de mímica, la compañía catalana Vol-Ras dejó su sello en Ceuta con la representación de ‘Da Capo’
Algo tiene ‘Da Capo’, la obra que la compañía catalana Vol–Ras representó anoche en el Teatro Auditorio del Revellín, que hace recordar al momento a una vida vista con ojos sepia. El encanto del arte de antaño, donde los gestos, las poses, hablan más que las bocas, donde el silencio se escucha desde la más lejana de las filas del auditorio. De ahí mana el poder de Vol–Ras.
Algo fría al comienzo, la obra se fue entonando poco a poco hasta erigirse en una bella puesta en escena, un todo armónico, que recordó por momentos a figuras capitales como Fellini, Cage, Keaton o a los geniales Tricicle. En ‘Da Capo’ dos técnicos de escena viven a su aire un concierto y su preparación, (los accidentes, sus inquietudes y las ilusiones, los conflictos de relación, su fantasía, la rebelión de los objetos, el servicio de la función...), en un recorrido con imaginación por un mundo sonoro desde el silencio a la música, sin palabras y con humor. Y quién sabe si continuará el espectáculo mañana o si tiene que volver a empezar ‘da capo’, incertidumbre esta que, acompañada a veces de música de suspense, provocó algún que otro susto y sorpresa.
En el espectáculo, los dos actores transitan los caminos del gesto, del humor y de la seducción del público, dándole la vuelta a las situaciones sencillas y cotidianas para extraer de ellas la comicidad y demostrar que puede haber humor sin más instrumento que el cuerpo.
“Cada función depende de multitud de factores, algunos incontrolables dependen del público y sus reacciones, del estado de los actores y los técnicos, del espacio teatral, del tiempo atmosférico, de la época del año... siempre de vuelta al inicio”, habían dicho en la previa fuentes de la compañía, palabras que toman especial significado cuando el espectador aplaude, se levanta y encara la puerta de salida: aunque, tal vez, tenga entonces la sensación de que acaba de llegar. Cosas de la ilusión.






