Las obras públicas siempre suponen una prueba de paciencia para quienes conviven a diario con ellas.
Ruidos, cortes de tráfico, accesos limitados y cambios constantes forman parte de una realidad que vecinos y comerciantes de Hadú conocen bien.
Precisamente por eso resulta especialmente relevante que las decisiones técnicas no se adopten de espaldas a la calle, sino atendiendo a las necesidades reales del barrio.
La actuación en Hadú cuenta desde su inicio con un plan de Seguridad y Salud, pensado para anticipar afecciones y ofrecer alternativas durante los trabajos.
Sin embargo, ningún documento puede prever al cien por cien el impacto cotidiano de una obra de esta envergadura en una zona tan transitada. De ahí la importancia de la flexibilidad y de la capacidad de adaptación conforme avanza la ejecución.
La reciente decisión de no cortar por completo la avenida y de concentrar los trabajos por tramos responde directamente a las quejas vecinales y al desgaste diario que soporta la barriada.
Del mismo modo, habilitar un acceso alternativo para vehículos supone un alivio necesario para garantizar una movilidad mínima.
Escuchar al vecindario y ajustar las obras no elimina las molestias, pero sí demuestra voluntad de minimizar su impacto. Y eso, en una obra que se sufre cada día, marca la diferencia.






