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Escuadrilla Elcano

En 1926, tres aviadores españoles protagonizaron una de las mayores hazañas de la aviación de la época: unir Madrid y Manila por aire. A bordo de los Breguet XIX, y enfrentándose a desiertos, tormentas y continuas averías, aquellos pioneros recorrieron más de 17.000 kilómetros en un viaje que simbolizó el avance de la aeronáutica española y el espíritu de aventura de toda una generación

A raíz de un vuelo desde París a Madrid, en junio de 1924, de aviones Potez-XV comprados a Francia, a raíz de una conversación entre el comandante José Carrillo comenta con los capitanes Eduardo González Gallarza y Joaquín Loriga, comentan la posibilidad de realizar “un largo viaje, al menos a Oriente, como ya han hecho aviadores de otros países”. Loriga siguió adelante con el plan, al Capitán Martínez Esteve, y en el mes de octubre de 1924 presentaron una propuesta al director de la Aeronáutica.

Los argumentos en que basaban Esteve y Loriga para la realización del viaje, se tendría en cuenta el prestigio nacional que ello conllevaría. Asi se mostraría al mundo la importancia de la aeronáutica española, con sus métodos de preparación. Esta idea fue la decisión de escoger Filipinas como término del viaje.

El raid se organizaba en cuatro partes bien diferenciadas, la primera seria la travesía del Mediterráneo por el norte de África, hasta El Cairo; la segunda constaba del sobrevuelo del Medio Oriente, con final en Karachi; el tercero estaría organizado por el cruce del Imperio de la India y del Asia Sudoriental, con terminación en la ciudad de Raigón; y cuarto considerado el vuelo mas largo sobrevolando las costas orientales de Indochina y China, cruzando el Mar de la China para finalizar el viaje en la isla de Luzón.

La expedición estaba formada por tres aviones modelo Breguet XIX, avión biplano de bombardeo y reconocimiento de fabricación francesa. Aunque originalmente era un avión militar, se adaptó para vuelos de gran distancia. Su estructura metálica estaba fabricada de duraluminio, a diferencia de la mayoría de los aviones de la época que aún eran de madera. La cabina era abierta, lo que significa que los pilotos y mecánicos estaban expuestos al viento, la lluvia y el frío durante las horas de vuelo.

Estaba equipado con un Lorraine-Dietrich de 400 CV (caballos de vapor), con 12 cilindros en “W”. Para poder cubrir las enormes distancias entre las escalas, los tres aviones fueron modificados colocándoles depósitos de combustible extra permitiéndoles volar hasta 10 u 11 horas seguidas si era necesario. Y como instrumentos de navegación estaban dotados con brújula, altímetro, anemómetro y un cronómetro. No tenían radio ni sistemas de navegación aérea modernos. Poseía una velocidad de crucero de 180-200 km/h. y podían volar a una altura de 6.000 metros Su peso estaba calculado aproximadamente en 3.500 kg (cargados de combustible) para cubrir el trayecto de 17.100 km desde Madrid a Manila (Filipinas) en 39 días, divididos en 17 etapas y 16 jornadas de vuelo.


Sus pilotos y mecánicos estaban desempeñados por el Capitán Rafael Martínez Esteve (piloto y jefe de la expedición) y Soldado Pedro Mariano Calvo (mecánico) con el avión número 4 con la denominación de Sebastian Elcano; Capitán Eduardo González-Gallarza (piloto) y Cabo Joaquín Arozamena Postigo (mecánico) a bordo del avión número 30 con la denominación de Lopez de Legazpi y Capitán Joaquín Loriga Taboada (piloto) y Sargento Eugenio Pérez Sánchez (mecánico) volando con el avión numero 29 Fernando de Magallanes.

El vuelo se iniciaba el día cinco de abril de 1926 con salida desde el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid), volando sobre el norte de África, Oriente Medio, India y el sudeste asiático realizando escalas en Argel, Trípoli, El Cairo, Bagdad, Karachi, Calcuta, Rangún, Bangkok, Saigon, Hanoi, Macao y finalmente Manila.

No fue un viaje fácil, pues de los tres aviones iníciales, solo uno completó la hazaña. Inicialmente el pilotado por Martínez Esteve tuvo que realizar un aterrizaje forzoso en el desierto de Túnez por una avería mecánica en la bomba de gasolina al finalizar la segunda etapa. Los otros dos continuaron el vuelo, enfrentándose a dificultades como tormentas de arena, monzones y la falta de cartografía precisa orientándose a veces visualmente.

Alcanzado El Cairo, se reúnen los tres aviones para continuar su singladura. Dos horas después de sobrevolar sobre Amman (capital de Jordania) en ruta hacia Bagdad, final de etapa, de nuevo Martínez Esteve se ve obligado a aterrizar sobre el desierto de Arabia con el motor parado. Ileso del trance vivido, recuperan el avión pero se ven obligados a regresar a Madrid por barco, para ellos se había acabado el viaje.

Continuaron según el plan de vuelo hasta llegar a Saigón, donde finalizaría una de las etapas. Habiéndose iniciado la siguiente, el avión de Loriga Taboada tiene que desviarse para aterrizar en Hanói por motivos mecánicos al fallar el carburador.

Otra parada imprevista poco antes de cumplir la etapa prevista, Macao, será el final del segundo aeroplano, el pilotado por Loriga, regresando el avión por vía marítima a España. El piloto Loriga junto a su mecánico llega a Macao para reunirse con Gallarza y Arozamena.

Finalmente, Loriga y Gallarza decidieron continuar el último tramo (desde Macao a Manila) en un solo aparato, el cual bautizaron como el Sobreviviente, el Breguet número 30, pilotado por Gallarza y ocupando el puesto del observador, Loriga.

Escoltados los pilotos antes de tomar tierra, el trece de mayo de 1926, aterrizaban en Camp Murphy (Manila) ante 300.000 personas, siendo recibidos como auténticos héroes por una multitud inmensa, finalizando asi con éxito el raid Madrid-Manila tras 39 días de viaje.

Pasados unos días, regresarán por mar con sus aviones embarcados, en buques y recorridos diferentes, ya que Loriga regresará a Macao y en concreto a la ciudad de Tien-Pack para recoger su Breguet averiado y Gallarza dirección España.


El seis de julio de 1926 a bordo del vapor “Legazpi” de la Compañía Trasmediterránea, que llegaba desde Filipinas tras realizar varias escalas, con dos protagonistas de la hazaña, el capitán González-Gallarza y su mecánico Joaquín Arozamena. Los dos aviadores fueron recibidos con honores a su llegada a la ciudad condal mientras que aeronaves de la Aeronáutica Naval y un dirigible salieron a darles la bienvenida, mientras diversas embarcaciones escoltaban al buque hasta su atraque en el muelle. El buque Legazpi, pasó a la Compañía Trasmediterránea en 1931 para cubrir la línea de Guinea. Y durante la guerra civil sirvió al Gobierno Republicano. El veintitrés de mayo de 1937 fue bombardeado frente a Benicasim, quedando varado en la playa. Aunque fue reflotado y llevado a Sagunto, un segundo bombardeo lo hundió definitivamente.

A su regreso a España, Gallarza fue recibido por el rey Alfonso XIII concediéndosele la Medalla Militar Individual. Al estallar el conflicto en 1936, se unió al bando nacional, ocupando el cargo de Jefe de Estado Mayor del Aire y posteriormente seria nombrado Ministro del Aire, cargo que ocupó durante 12 años. Bajo su mandato se impulsó la creación y modernización del Ejército del Aire como rama independiente de las Fuerzas Armadas. Murió en Madrid en 1986, a los 88 años.

Joaquin Loriga había pasado a la historia de la aviación mundial cuando en 1925, fue el piloto elegido por Juan de la Cierva para realizar las pruebas del Autogiro (el precursor del helicóptero), realizando el primer vuelo interurbano desde el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid) hasta Getafe. Su vida queda truncada solo un año después de su regreso de Manila, el dieciocho de julio de 1927, mientras realizaba un vuelo de pruebas en un avión de entrenamiento en el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid), el aparato sufrió un accidente durante el aterrizaje, falleciendo en el acto.

Al estallar la Guerra Civil Española en 1936, Martínez Esteve se mantuvo fiel al gobierno de la Segunda República, ocupando durante puestos de responsabilidad en la aviación republicana, llegando a ser Jefe de la 1ª Región Aérea (Madrid) y participando en la organización de la defensa aérea de la capital. Su lealtad a la República hizo que, tras la victoria del bando nacional en 1939, tuvo que abandonar España exiliándose a México, donde trabajaría en la aviación civil. Murió en Ciudad de México en 1965, sin haber regresado nunca a España lejos de los honores que sus compañeros recibieron en España.

El vuelo Madrid-Manila de 1926, fue una de las grandes gestas de la aviación española y mundial de la época. El objetivo era unir España con las Islas Filipinas (antigua colonia española hasta 1898) por aire, demostrando la capacidad de la aviación militar española y estrechando lazos culturales con el archipiélago, siendo bautizada con el nombre Elcano en recuerdo del marino español Juan Sebastián Elcano que realizaría la primera vuelta al mundo entre 1519 y 1522.

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