Parece increíble que haya adultos que todavía actúen como niños, demostrando una falta de civismo y madurez nada propia de un ciudadano del siglo XXI. Las llamadas falsas o bromas al 112 demuestran una total falta de concienciación hacia un servicio que realiza una labor en la que, la mayoría de las veces, lo que está en juego son las vidas de personas. ¿Qué hubiera ocurrido si en plena catástrofe del 11-M a algún gracioso le hubiera dado por realizar llamadas sólo para divertirse? No es un juego de niños, aunque a algunos así les parece. Quizá no les parecería tan divertido que se establecieran sanciones para este tipo de acciones, tal y como pide el sindicato UGT. Entonces seguro que se lo pensarían bastante antes de marcar un número con el que no se debe jugar.
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