Publicamos su fotografía el pasado fin de semana. La imagen de un joven sentado en el suelo, al que un guardia civil que hacía deporte se lo había encontrado acurrucado, llorando como un niño. Su mirada se clavó en esa imagen. Era la de alguien asustado, que no sabe cómo ni por qué se encuentra en ese estado, en esa situación, pero que sabe que lo han cruzado de esta manera como punto y final al acuerdo del pase.
Estaba lloviendo, hacía frío. Terminó recibiendo el calor de esta persona al ofrecerle su sudadera y terminó siendo trasladado al CETI. Pero yo no puedo olvidarme de esa mirada, ni del relato contado por la persona que se lo encontró.
Creo que nadie debería olvidarse de ella, creo que todos deberíamos pensar por unos momentos en las personas que quedan reducidas a números cuando cruzan la valla, en las personas que son etiquetadas como salvajes porque interesa hablar de ASALTOS y desdibujar la realidad al antojo de las políticas existentes.
Lo he escrito en otras ocasiones, creo firmemente en ello. Llegará un momento en el que nos arrepintamos de tantas cosas que quizá, si somos todavía humanos, hasta nos avergüence. Porque sencillamente no debemos comulgar con lo que unos dicen, no debemos meter en el mismo saco a todos. ¿Por qué sabemos separar a unos y otros cuando nos conviene pero no lo hacemos con la inmigración? No es justo que porque unos cometan determinadas acciones generalicemos hasta aplaudir acciones tan atentatorias contra los derechos humanos como lo son las devoluciones en caliente. Esas que se producen a nuestros ojos, que son ejecutadas por mandados y avaladas por una clase política que se apoya en la tardanza judicial para hacer lo que le venga en gana. El garantismo tiene estas malas consecuencias, que no son otros que servir de resguardo a acciones que no deberían ser permitidas pero que se repiten y se intentan justificar como la única posibilidad existente.
Ahí nos cuelan lo del efecto llamada. ¿Si llegáramos a un día a saber qué hay detrás de esto y qué es realmente lo que lo mueve?, ¿si llegáramos a confirmar lo que solo son suposiciones?, ¿si llegáramos a entender qué se esconde detrás de todas estas proclamas?
Hoy por hoy el drama de la inmigración es un negocio para unos y una manera de justificar políticas e ideologías para otros. Yo prefiero quedarme con esa mirada limpia, la de un joven asustado, la de un hombre que ni entiende ni sabe.
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