Categorías: Opinión

Entre blanco y azulgrana

A pesar de la intensa labor de la prensa deportiva predominante para intentar dar la vuelta a la situación y cargar sobre la espalda culé toda la presión del próximo Clásico, esgrimiendo la cábala de que los azulgranas pueden descolgarse definitivamente de la liga, lo cierto es que si un equipo ha de sentirse presionado de cara al inminente enfrentamiento ese es el Real Madrid. De caer una vez más contra el eterno rival, el equipo de la capital española continuaría demostrando que el ingente gasto de dinero en jugadores y entrenador y el obsesivo trabajo dedicado a contrarrestar vuelven a naufragar en una competición de relevancia.
No obstante, la caída del Barça se antoja natural dentro de una lógica mediana. Después de conquistar doce títulos de quince con una claridad aplastante, lo normal es que el enorme esfuerzo llevado a cabo haya desgastado paulatinamente al equipo, dejándolo en una posición más debilitada ante su rival más directo en la liga española, que en la actualidad cuenta con mayor vitalidad gracias a la notable diferencia de partidos jugados en los últimos tres años. A esto se debe añadir las dimensiones de ambas plantillas: mientras que en el Barça ha tendido a reducirse, en el Real Madrid ha corrido diferente suerte, sumando más y más jugadores, nuevas piernas frescas con las que poder afrontar un mayor número de retos que aún no se han dado.
Tras lo conseguido recientemente, el equipo entrenado por Pep Guardiola no tiene la necesidad acuciante de ganar; debe ganar, porque como profesionales de su oficio sus jugadores están obligados a hacerlo siempre y bajo cualquier circunstancia, pero no existe en la afición azulgrana una ansiedad exaltada por hacerlo como sea. Todo lo que se le podía exigir al Barcelona lo ha cumplido con inimaginables creces; no hay en juego tanto para los culés como para los madridistas. Una victoria azulgrana significaría prolongar una leyenda que parece insuperable, un regalo sin igual, en cambio un empate supondría un nuevo mazazo para el Real Madrid en lo anímico, siendo la derrota una opción probable dada la potencia blanca y el nivel de exigencia experimentado por los culés durante una incalculable cantidad de partidos. Importante derrota, sin duda, pero nada más.
Los tiempos de obsesión con el adversario histórico los vive ahora, por una urgentísima necesidad de títulos, el Real Madrid, una ex leyenda del fútbol mundial, campeonísima en el siglo XX, que aspira a salir de una depresión bien reflejada en su escaso historial de títulos inmediatos pese a los millones y el tiempo invertidos. Así pues, tal y como se han desarrollado los acontecimientos en las temporadas recientes, una derrota blanca se contaría como un sonado fracaso más que sumar a la larga lista que ha conseguido, a pulso, durante los últimos años. No podría decir lo mismo del Barcelona, creo que se ha ganado esta consideración.

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