Frontera e Inmigración

La historia del argelino que viste con traje de buceo

Llegó a la ciudad a nado el 10 de julio y desde entonces, nada cada día una hora alrededor de las playas de Ceuta

Desde que se produjo la avalancha masiva del 30 de julio en las costas de Ceuta, son numerosas las historias humanas que se han podido contar, las diferentes vivencias de cada uno de los que llegaron desde Marruecos. Con un traje de buzo y dos aletas, este argelino espera en las inmediaciones del CETI a poder continuar su camino.

"Cuando vine aquí, vine nadando así, con esta ropa. Nadé exactamente durante cuatro horas", explica. Su llegada no se produjo junto con las otras ochenta mil personas que cruzaron la frontera a finales de julio, sino que él se adelantó y llegó a la ciudad veinte días antes de la entrada masiva, después de pasar cuatro horas nadando.

Cuando se le pregunta si aquel trayecto fue especialmente complicado, responde con naturalidad: "Para mí es fácil. Puedo nadar durante cuatro o cinco horas". Según relata, llegó a la playa de la Ribera tras cuatro horas nadando desde Castillejos.

Su relación con el mar continúa después de aquella travesía. Cuenta que suele nadar cerca de la playa, aunque durante aproximadamente una hora. Además de esta actividad física, asegura que también pesca en las costas ceutíes y que, en ocasiones, intenta pescar.

Su estancia en el CETI

Desde el 30 de julio, el CETI, al igual que numerosos puntos de la ciudad, se encuentra totalmente colapsado debido a la entrada masiva de personas. Para la ciudad de Ceuta, poder albergar a esta cantidad de personas sigue suponiendo numerosos problemas debido a la falta de espacios en la ciudad autónoma.

El joven explica que antes del 30 de julio, entrar al CETI “era mucho más fácil”. La situación en el entorno del CETI se fue complicando cada vez más, hasta el punto del colapso total, con miles de marroquíes, argelinos y subsaharianos esperando para poder acceder al centro y dormir bajo techo.

Espera ser trasladado a otra ciudad española

Ahora su principal objetivo es abandonar Ceuta y trasladarse a otra ciudad española. Sin embargo, asegura que para hacerlo necesita ese ansiado “permiso”.

"Mi plan es ir a España, a otra ciudad. Quiero trasladarme, pero necesito permiso para hacerlo", explica. Mientras tanto, su situación se asemeja a la de muchos otros. "Estoy esperando. Estoy esperando", repite.

Su testimonio refleja así una de las realidades que se viven en Ceuta: personas que, después de alcanzar la ciudad por diferentes vías, permanecen durante semanas a la espera de poder continuar su recorrido hacia la Península.

En su caso, la historia comenzó el 10 de julio, cuando decidió lanzarse al mar y nadar durante cuatro horas con la misma ropa con la que todavía recuerda aquella llegada.

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