Se comunica a todo el Reino que por parte de este Ilustre Gobierno, las indecentes y desviadas lesbianas que quieran tener un hijo, tendrán que buscarse un buen pijo. De igual manera, a las solteras que quieran procrear se les autoriza con cualquiera fornicar.
A partir de ahora los tratamientos de fertilidad serán para mujeres sin tacha, decentes y que sigan el noble camino de la religiosidad.
Las ánimas impuras y contrarias a la divinidad si quieren la maternidad, deberán prostituirse o ir contra su dignidad.
Sólo podrán albergar un ser en su seno los que juren cumplir este fuero. Los puros, heterosexuales y con familia normal. Quedan por ende excluidos, los que caminen por la senda del mal.
Así lo ordena dentro de este Reino medieval, la villana de la villa, que nos honra a las mil maravillas.
Sanciona este texto, la pulcra, honorable y austera, un rato; nuestra excelentísima encomendadora,
Ana Mato.





