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Por un empleo para todas las capacidades

Las familias de hijos con discapacidad cognitiva ven discrepancias en las políticas de integración laboral de algunas empresas. Resaltan la importancia de un trabajo para su independencia

Los padres y madres con hijos que tienen algún tipo de discapacidad cognitiva sueñan con un mundo sin barreras, donde las limitaciones genéticas o psíquicas no sean un impedimento a la hora de ejercer un puesto de trabajo. Lejos de esta idoneidad, hacen lo posible para que ellos tengan un currículum, una formación y con un poco de suerte, experiencia laboral.

Dependen de convocatorias públicas de empleo, de la movilización de las asociaciones y de las iniciativas privadas de inclusión laboral. En el caso de lo primero, según cuenta Pedro Martínez, con una hija de 35 años con discapacidad psíquica, llevan reclamándolo más de cuatro años a la Ciudad “pero nunca sale en los presupuestos”. Este padre recuerda las cuadrillas de mantenimiento de jardines de San Amaro, de los planes de empleo públicos y que “lo tenían perfectamente según los comentarios de la gente”. “Son chavales que no tienen la picardía de escaquearse, hacen las cosas en 10 minutos o dos horas, pero lo hacen”, destaca.

Martínez detalla que su hija no recibe una oportunidad laboral desde hace cuatro años. Ella entrega su currículum, con su formación complementaria especializada, a empresas que nunca acaban por contratarla (en su mayoría, supermercados). Pero lo más molesto de esto es que las sociedades sí que contratan a personas con síndrome de Down, “que tiene el mismo derecho que cualquier otra persona para integrarse” pero nota que no están tratando a todos por igual.

“Las personas con discapacidad que no tienen los rasgos del Down igual también lo necesitan, pero al no reflejarlo igual se olvidan de ellos”, critica, agregando que muchos de estos supermercados solo llaman a personal de este tipo en diciembre, mes de mayor carga de trabajo y, en ocasiones, sin remuneración ninguna.

Misma situación es la de Hafida Mohamed, con un hijo de 32 años con Down sin empleo desde hace un año. Participa en Plena Inclusión, donde lleva acudiendo a su centro de día. “Él es capacitado, hace de conserje, tiene título de pintor, sabe de jardinería y es reponedor”, describe sobre él.

Esta madre lamenta que a los usuarios de la asociación síndrome de Down “le dan todo” mientras que ve cómo los del centro San Antonio o Plena Inclusión llevan sin empleo mucho tiempo. “Hay que darles oportunidades a todos, que no se discrimine a los demás y solo darle trabajo a los que tienen más poder”, apunta.

Su hijo recibe una pensión de 360 euros al mes, pero quiere que él aprenda lo que es trabajar duro y ganar una nómina honradamente que le permita ahorrar más dinero y tener una mejor calidad de vida.

“Yo soy una madre divorciada y mi hijo depende totalmente de mí. Quiero que él salga a trabajar, que tenga una motivación y que no lo arrinconen ni a él ni a nadie”, concluye.

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