Vivas ha empezado esta legislatura siendo claro, arrastrando el mismo mensaje que puso de manifiesto durante la campaña electoral y que, de hecho, le llevó a ser el candidato más votado. Vivas lo ha dicho desde el principio: si no le dejan trabajar, se marchará. No piensa ser obstáculo para nada ni para nadie, tampoco se va a aferrar al sillón si los acuerdos en beneficio de Ceuta son imposibles, si las chinas en el camino se hacen insoportables, si la presión impide cualquier tipo de gobierno. Vivas ha sido claro, sigue siéndolo y ayer volvió a poner de manifiesto cuál es su interés en esta legislatura que, ya lo ha dicho en varias ocasiones, es la última que presidirá como alcalde. “Me voy a empeñar en sacar esto adelante, pero si no puedo me retiraré porque no voy a ser un obstáculo que perjudique la gobernabilidad de Ceuta”.
Responsabilidad es la única palabra que debe tener cabida en este escenario. Responsabilidad hacia Ceuta y hacia los ceutíes. Los partidos políticos con representación en la Asamblea no pueden tomarse esto como un juego porque ningún ceutí se merece una inquietud que será la muerte de este pueblo. No se está por la labor de pasar por ningún circo, por ningún escenario de enfrentamientos interesados, por un auténtico infierno. El presidente de todos los ceutíes, lo hayan votado o no, no se esconde: quiere gobernar, ofrece diálogo, talante y voluntad para sacar adelante proyectos que satisfagan a todos. La pelota está sobre el tejado de los demás, sobre las intenciones que presentan de cara a los próximos meses, sobre el talante que van a mostrar ellos cada vez que se quieran aprobar medidas. No somos niños ni esta es una guardería en la que pasar el rato o exhibirse o promocionarse. Hay que trabajar por Ceuta, porque Ceuta necesita una clase política de altura, digna y responsable. El mensaje más claro no puede ser.







Si por gobernar se refiere a meter un ejército de enchufados, va a ser que sí. En la vida ha habido tanto cargo de libre designación del alcalde.